Irán quedó fuera del Mundial 2026 y su eliminación deja una de las historias más incómodas del torneo. No perdió ningún partido, terminó la fase de grupos con tres empates y aun así se marchó a casa, atrapado en la tabla de los mejores terceros después de que el empate entre Argelia y Austria terminara de cerrar sus opciones de clasificación.
Pero reducir la eliminación iraní a una cuestión de puntos sería mirar apenas una parte del problema. Porque la selección persa vivió una Copa del Mundo completamente anormal, atravesada por restricciones migratorias, decisiones políticas, problemas logísticos y una sensación permanente de desventaja frente al resto de los equipos. Si hubo una selección que sintió que no compitió en las mismas condiciones que los demás, fue Irán.
El equipo tenía contemplado instalarse en Estados Unidos, pero terminó concentrado en Tijuana, obligado a entrenar en México, cruzar la frontera para jugar y regresar después de los partidos. La razón fue tan simple como brutal: no toda la delegación recibió autorización para ingresar a territorio estadounidense. Según El País, Estados Unidos permitió el ingreso de 55 de los 70 integrantes de la delegación iraní, dejando fuera a parte importante del equipo de apoyo.
La situación marcó todo el Mundial de Irán. Mientras otras selecciones se movían dentro de sus ciudades sede con una planificación normal, el equipo persa debió convivir con traslados permanentes, trámites fronterizos y una rutina impropia para una selección que disputa el torneo más importante del fútbol. En la práctica, Irán jugó la Copa del Mundo con una carga extra que ningún rival tuvo que soportar de la misma manera.
Por eso la eliminación golpeó de otra forma. Porque antes del adiós definitivo, Irán ya había explotado públicamente contra la organización. Mehdi Taremi, capitán y principal voz del camarín, no se guardó nada tras el empate ante Egipto, partido en el que a los persas les anularon un gol en los descuentos por una posición de adelanto milimétrica. Era el gol que podía cambiarlo todo. Era el gol que podía sostener una clasificación agónica. Pero terminó siendo otra escena de frustración en un Mundial que para Irán fue una pesadilla de principio a fin.
“Han hecho todo lo posible para eliminarnos. Entonces, desde nuestra perspectiva, sí, creo que lo quieren así, nos quieren afuera”, lanzó Taremi, apuntando directamente a la FIFA y al trato recibido durante la competencia. La frase no fue una salida liviana ni una simple calentura de partido. Fue la síntesis de tres semanas acumulando problemas, reclamos y promesas incumplidas.
El delantero también recordó que Gianni Infantino, presidente de la FIFA, entró al camarín iraní después del primer partido y prometió resolver los inconvenientes. Pero, según Taremi, nada cambió. “Esta Copa del Mundo es un desastre. La FIFA tiene que resolver cada problema aquí, pero desafortunadamente no han podido”, reclamó el capitán, visiblemente cansado de una situación que terminó desbordando lo deportivo.
La paradoja es tremenda. Irán se fue invicto, pero eliminado. Se fue sin caer en la cancha, pero con la convicción de haber sido golpeado fuera de ella. Se fue agradeciendo el apoyo recibido en México, especialmente en Tijuana, pero denunciando al mismo tiempo que su Mundial estuvo condicionado desde antes de jugar. Porque cuando una selección debe concentrar en un país, cruzar a otro para competir y hacerlo con parte de su delegación impedida de entrar, la cancha deja de ser el único lugar donde se define el torneo.
La FIFA podrá mirar hacia otro lado, refugiarse en el reglamento o explicar que la clasificación se resolvió por la tabla de terceros. Pero el caso iraní deja una mancha difícil de borrar. En el Mundial que prometía ser el más grande de la historia, una selección terminó compitiendo bajo condiciones que difícilmente pueden considerarse normales.
Irán quedó fuera del Mundial. Lo logró la FIFA, dirán ellos. Lo dirá Taremi. Lo sentirá un camarín que se fue con rabia, sin derrotas y con la certeza de haber vivido el torneo más injusto de todos.