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Por La Hora de King Kong · 1 min de lectura
Al darle suma urgencia a la ley de reforma de Sociedades Anónimas Deportivas Profesionales, el presidente deja el tema en manos de la Cámara de Diputados y él queda fuera de la foto. El error de Sebastián Piñera de pelearse con Marcelo Bielsa sigue muy fresco en la derecha. Se vota mañana o el lunes.

No es una ley tan importante, pero si puede generar mucha impopularidad. La reforma a la ley 20.019 sobre las Sociedades Anónimas Deportivas Profesionales se refiere a una actividad de rango menor en el país en cuanto empleo y volumen de su actividad económica, pero sí tiene mucho impacto social. Y en este momento el funcionamiento de la ANFP y los clubes del consejo de presidentes son transversalmente criticados por la mala gestión, la pérdida de competitividad, la llegada de representantes de jugadores extranjeros al control de clubes históricos y la violencia en las gradas, entre otros problemas. La reforma a la ley del 2005 era un clamor de todos los sectores.
Recién llegado a La Moneda, José Antonio Kast se encontró en un punto clave e inesperado de esta reforma: debía decidir, a través de su ministra del Deporte Natalia Ducó, si le daba “suma urgencia” a la ley para que se votara en la Cámara Baja, ya había sido aprobada en la Alta en los últimos días de Boric, o la dejaba empantanada priorizando otras reformas de mayor calado político, económico y social.
Los dirigentes del fútbol, encabezados por Juan Tagle y respaldados por la ANFP, venían haciendo una feroz campaña en contra de la ley. En los últimos dos meses el lobby fue evidente con una serie de maniobras que incluyeron cartas a los diarios, llamados a parlamentarios o, incluso, meter a dirigentes de otros deportes en el baile. El último manotazo fue una visita la ministra Ducó cuando todavía no asumía en su cartera el 6 de marzo.
La certeza de los dirigentes del fútbol era que la cercanía ideológica con el gobierno de Kast, lo dijo Pablo Milad, iba a ser clave para detener el avance de la ley que, entre otras cosas, le quita a la ANFP el control de las selecciones chilenas y sus millonarios recursos. Si José Antonio Kast iba a tener un gobierno proclive a los empresarios, sobre todo a los grandes, los hombres del consejo de presidentes tenían el convencimiento que ellos caían en el saco (aunque algunos no fueran muy grandes). Es decir, la ANFP era la CMPC del fútbol profesional y un gobierno de derecha sería el escudo contra una reforma impulsada de manera entusiasta por Gabriel Boric.
Pero alguien, y el La Hora de King Kong lo contamos en varias emisiones, advirtió al presidente Kast que salir a respaldar a un organismo tan desprestigiado como la ANFP, manejado por dirigentes que en una década y media había demolido una actividad de tanto impacto popular, podía ser un balazo en los pies. Un verdadero autogolazo. Por más que haya afinidad ideológica con Juan Tagle, Pablo Milad, Jorge Uauy o Jorge Yunge, detener la reforma a las SDAP pondría al gobierno de lado de los representantes, los que se repartieron las platas de la selección como ganancias y los que tienen a Chile último en las eliminatorias. Un desastre de relaciones públicas.
Fresco está el recuerdo, para varios integrantes de la actual administración que estaban en el gobierno entonces, de la torpe e innecesaria arremetida de Sebastián Piñera contra Harold Mayne-Nicholls y, sobre todo, la muy popular y admirada figura de Marcelo Bielsa. A través de su subsecretario de Chile Deportes Gabriel Ruiz Tagle, Piñera se metió de cabeza en las elecciones internas de la ANFP que culminaron con Sergio Jadue en la presidencia y Marcelo Bielsa renunciado a la selección. Piñera, que venía subiendo en todas las encuestas por la reconstrucción del terremoto de febrero del 2010 y el rescate de los mineros, sufrió un golpe mortal en su imagen del cual nunca pudo recuperarse. Fue el comienzo del fin de su gobierno que desde ahí pareció sin rumbo, desesperado por descontar las decenas de puntos que perdió en apoyo.
A Piñera esto le pasó en diciembre del 2010. Llevaba casi once meses en el poder. Kast lleva una semana, demasiado temprano para prestarle ropa a los dirigentes del fútbol chileno por más coincidencias ideológicas que tengan. Con una opinión pública volátil y un votante castigador a la primera, hay problemas que es mejor resolver rápido y fácil: suma urgencia y la Cámara de Diputados que se arreglé. En la corte de los milagros queda la pelota. Kast ya salió de la foto.
La ley se votará mañana miércoles 18 o el lunes 23 de este mes. Si se aprueba, se despacha la ley y el plazo estimado es de 18 meses para implementarla. Si se rechaza va a Comisión Mixta. Todavía quedan balas para el lobby de los dirigentes.
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