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Por La Hora de King Kong · 1 min
Los dos penales en los que estuvo involucrado Eduardo Vargas, con o sin base, terminan desnudando la pobre legislación y el excesivo poder de los representantes.

¿Qué tiene que ver la acusación de Audax Italiano en contra de la U en el Tribunal Patrimonial de la ANFP por el pase de Esteban Matus y la negativa de tres senadores por impedir la multipropiedad en la nueva ley de Sociedades Anónimas Deportivas? Audax le exige a Universidad de Chile 800.000 dólares por el traspaso frustrado de Esteban Matus y su testigo principal es Fernando Felicevich, representante del jugador. Paulina Núñez (RN), Pedro Araya (DC) y Luz Ebenzperger (UDI), votaron en contra de la prohibición total de que un empresario tenga acciones en dos clubes distintos, fijando un margen de 5% para el segundo club o un 10%, el caso de la senadora de la UDI.
Entre estas dos noticias el puente es, precisamente, Fernando Felicevich. El empresario posee el plantel completo de La Serena y es el controlador de facto aunque la propiedad, en el papel, sea de otros. En Audax Italiano es lo mismo, maneja el plantel en casi su totalidad, aunque en los registros el dueño del club es Gonzalo Cilley.
Llega un partido crucial en La Portada donde La Serena, apremiada por el descenso, se enfrenta a Audax Italiano. Felicevich vs. Felicevich. Entonces Eduardo Vargas debe patear un penal y lo hace mal, a media altura, sin potencia y el arquero Erwin Sanhueza lo saca. Después, el mismo Vargas falla un cabezazo en su área y le rebota en la mano. Penal para La Serena, que termina ganándole a Audax y obteniendo tres puntos de oro.
¿Quiso Vargas patear mal el penal? ¿Hizo esa mano en el área de forma intencional? Yo creo que no, pero al haber tanto conflicto de interés y que esté involucrado uno de los jugadores regalones de Felicevich, el manto de sospecha es pesadísimo. Al jugador se le vio tenso, incómodo e impreciso todo el partido. Como abrumado por algo.
Tantos intereses cruzados, tantos propiedades que saltan de un club a otro, lo único que hacen es distorsionar lo básico de un deporte: la competitividad. Felicevich necesita que La Serena no baje para que sus jugadores no se desvaloricen y de la misma manera pelea en la ANFP por la venta fallida de un jugador de Audax. Una pata en cada bote. Imposible mirar el partido sin distancia.
Luego en el Senado quieren dejar un 5% o un 10% de margen para ser propietarios de otro club, dejando un espacio para palos blancos y accionistas fantasmas. Tienen la solución a mano, pero se entregan mansamente a los brazos de los lobistas. Así, la ley, que lleva ocho años de trámite, será un acto fallido, un petardo sin consecuencias reales. Y el fútbol chileno seguirá muriendo de a poco.
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