La “semana negra” de Esteban Pavez comenzó el lunes 27 de octubre, cuando Colo Colo empató 2-2 frente a Deportes Limache tras ir ganando por dos goles. Desde la tribuna, el capitán miró cómo el equipo se derrumbaba sin poder hacer nada. Ortiz no lo había citado, y la frustración del jugador crecía al ritmo de las críticas que se multiplicaban en los medios.
Al día siguiente, Pavez rompió el silencio y su discurso retumbó en el Monumental. “Estoy caliente, muy caliente”, reconoció, dolido por no ser considerado ni siquiera entre los suplentes. “Me mato para entrenar, soy de los que más se esfuerzan”, insistió, en una mezcla de desahogo y reclamo deportivo. En su mensaje intentó mantener cierta mesura: aseguró que seguiría “a full, entregando lo mejor para mis compañeros día a día”, intentando no romper del todo con la autoridad del técnico, aunque el quiebre ya era evidente.
Fernando Ortiz respondió con diplomacia, pero sin retroceder. “Es entendible que esté caliente, lo comparto”, admitió, para luego cerrar cualquier intento de debate. “La razón de su marginación queda en la intimidad del grupo”, dijo, dejando entrever que la decisión era táctica y no emocional. Mientras la prensa hablaba de un resfrío y de una dolencia muscular, el círculo del jugador negaba que su exclusión fuera por motivos físicos. Ortiz, por su parte, buscaba consolidar un mediocampo con Víctor Felipe Méndez y Arturo Vidal, estructura que había dado resultados tras la Supercopa perdida ante la U.
Los números, sin embargo, se transformaron en la sentencia más dura para Esteban Pavez. En los partidos de este 2025 que fue titular Colo Colo sumó el 33,3% de los puntos posibles. Una cifra preocupante que grafica lo negativo de la temporada alba. Pero cuando el ex Capitán no entra desde el primer minuto o no es convocado, esa estadística se eleva hasta el 62,5%. Números contundentes que parecen estar inclinando la balanza hacia el lado del entrenador.
Así terminó una semana que dejó heridas abiertas. En el camarín, Pavez sigue intentando mostrarse como un líder positivo, pero su rol deportivo ha cambiado: pasó de símbolo indiscutido a suplente estratégico. El propio mediocampista lo asumió con resignación . Ortiz, en tanto, logró afirmar su autoridad en el momento más delicado de su gestión. Los resultados le dieron la razón, pero el costo fue alto: en Colo Colo, el liderazgo de su capitán quedó en entredicho, y la jineta parece nunca haber estado realmente en el brazo de Esteban Pavez.