Que el Bicentenario de La Florida sea más pequeño maquilló un poco la penosa realidad. El poco entusiasmo por la compra de entradas, a esta altura muy justificado, hizo del amistoso entre Chile y Perú un compromiso completamente triste. Al final un 2-1 que se celebró con un puño apretado de Sebastián Miranda, intentado buscar agua en el desierto.
Lo cierto es que más allà de una presión inicial, nunca se notó que el cuadro local jugaba con casi todo su contingente para la tan esquiva renovación rumbo al 2030 y que la visita presentó una plantilla virtualmente formada íntegramente por clubes del país del Rimac. Pero en la cancha de La Florida siempre estuvo más cerca el equipo nacional de encontrar la apertura, con ataques que carecían del poder de fuego tan bullado en los últimos meses. El gol de César Inga, tras una linda jugada personal y una floja marca de Hormazábal, fue un baldazo de agua fría. Así terminó el primer tiempo.
En la segunda mitad La Roja se vio mejor. Con compromiso a buscar dar vuelta un resultado que hubiera sido un mazazo. El propio lateral derecho de la U y Lucas Cepeda fueron los principales agentes ofensivos. Cargas que se hicieron cada vez más frecuentes y una buena entrada de Vicente Pizarro encontró a Ben Brereton que a las 62' empujó para marcar el 1-1.
Cuando el partido parecía expirar y los peruanos se conformaban con el empate, Seba Miranda lanzó varios nombres ofensivos para buscar una victoria a las desesperadas. La visita cada vez más atrás fue el escenario perfecto para que Maxi Gutiérrez encuentre la pierna de un defensor peruano para establecer el 2-1 final. Una victoria que sirve de poco, pero que se celebró como un triunfo. Es la realidad de Chile, que parece habrá que acostumbrarse.