En abril de 2025, cuando Colo Colo celebró su centenario, la dirigencia de Blanco y Negro presentó con solemnidad la maqueta de lo que sería el “nuevo Monumental David Arellano”: un estadio de clase mundial, con capacidad para 60 mil personas, techo completo y un diseño inspirado en la cosmovisión mapuche. Era el símbolo de una nueva era, el proyecto que debía sellar los primeros 100 años de historia del club con una obra que trascendiera generaciones. Seis meses después, la realidad es otra: el sueño se encuentra paralizado, sin fecha, sin financiamiento y, sobre todo, sin liderazgo.
El plan, anunciado primero por Alfredo Stöhwing en 2024 y luego retomado por Aníbal Mosa al asumir nuevamente la presidencia, prometía iniciar obras en 2025. El propio Mosa habló entonces del “futuro estadio de Colo Colo”, respaldado por el arquitecto chileno Carlos de la Barrera —autor de proyectos internacionales junto a la firma HOK— y la consultora Legends, que debía estructurar el modelo de negocios. Pero el entusiasmo se desinfló al ritmo de los conflictos en el directorio de la concesionaria.
La remodelación, que debía financiarse principalmente mediante la venta de los naming rights, requería una institucionalidad sólida y transparente. Nada de eso ocurrió. La junta de accionistas, dividida entre los bloques de Mosa y Leonidas Vial, terminó rechazando dos veces los estados financieros de 2024, un hecho inédito en el fútbol chileno que obligó incluso a la intervención de la Comisión para el Mercado Financiero. Con los balances en el aire y sin una comisión formal a cargo, el proyecto quedó huérfano. “En este minuto no hay nadie a cargo”, reconoció Edmundo Valladares, presidente del Club Social y Deportivo Colo Colo, que ha intentado —sin éxito— mediar entre las partes.
El Monumental, inaugurado en 1989, necesita una renovación urgente. Las graderías presentan deterioros visibles, las instalaciones eléctricas y sanitarias son obsoletas y la experiencia del espectador está lejos de los estándares modernos. Pero en lugar de avanzar, la remodelación se transformó en una víctima más de la pugna interna que asfixia a la concesionaria. Mientras Mosa asegura que se trabaja “silenciosamente” para conseguir un socio internacional, la maqueta que se presentó como el emblema del centenario hoy duerme en una oficina de Pedrero, convertida en un recordatorio incómodo de lo que no fue.
La gran paradoja es que Colo Colo tiene, sobre el papel, un proyecto viable: diseño aprobado, empresa financiera seleccionada y un modelo de ingresos atractivo. Lo que no tiene es la estabilidad institucional para ejecutarlo. En la práctica, la promesa del nuevo Monumental se desvaneció con el mismo estruendo con que fue anunciada. El centenario, que debía marcar el renacer del club, terminó revelando sus grietas más profundas. La modernización del estadio más emblemático del país sigue siendo una deuda pendiente, un sueño que, por ahora, no logra salir de los planos.