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Por La Hora de King Kong · 1 min de lectura
El defensor Marcelo Jorquera de Iquique fue amenazado de muerte por un "hincha" mientras veía un partido de básquetbol de su hija. Una muestra más de la degradación barbárica de los llamados "fieles y pasionales"

Sin partido debido a la suspensión del que debían jugar frente a Colo Colo, Deportes Iquique tuvo un respiro, al menos mental, la última semana. En esa instancia el defensor Marcelo Jorquera, que llegó esta temporada desde Cobresal, fue a ver un partido de básquetbol que jugaba su hija de once años. Deportes escolar donde los únicos espectadores son los familiares. De forma repentina apareció un energúmeno vestido con la camiseta celeste de Iquique y se fue directo a la posición donde estaba Joquera con su mujer y sus otras dos hijas de tres y cuatro años. Desaforado, el "hincha" arremetió con insultos y amenazas de muerte en contra del lateral y hasta intentó pegarle un par de manotazos. El partido debió ser interrumpido por el escándalo, pero el matón no detuvo e hizo la pantomima de llamar por teléfono a otros barrabravas para que vinieran a golpear a Jorquera. Todo este incidente fue denunciado por la mujer de Marcelo Jorquera en su instagram.
La barrabrava de Iquique tiene un feo historial de apretar entrenadores, dirigentes y jugadores desde hace más de una década. Este año invadieron la cancha en el partido contra Unión Española lo que obligó a los Dragones a jugar casi toda la primera rueda sin público, con el consiguiente perjuicio deportivo y económico. Hoy el equipo dirigido por Fernando Díaz es candidato número uno para descender.
El contexto deportivo es un detalle, lo importante es lo otro: cómo se ha instalado, celebrado e incluso promovido la violencia de las barras como un supuesto "fenómenos cultural y popular". La folclorización del matonaje y delincuencia con todas sus letras. Hoy, un grupo muy grande de gente, entiende desde una mirada compasiva y complaciente, hasta beata, que esta violencia tiene una trasfondo auténtico y bueno. En definitiva, si golpeas, quemas, amenazas e insultas escondido tras una camiseta, no hay maldad, sino "identidad". En el camino, una familia completa con niños pre escolares, como la de Jorquera, tiene que pagar con su integridad física y mental los "desbordes pasionales" de un grupo de tarados embriagados de un "sentimiento que no puede parar".
El fascismo en su expresión más básica y ya no barbárica, sino que prehistórica. Los monstruos que emergen del claroscuro como dijo Antonio Gramsci.
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