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El defensor de 32 años vuelve a aparecer en La Roja pese a que su presente está en la MLS y llegará con casi 36 años al próximo Mundial. Su convocatoria contrasta con la renovación que intenta instalar el técnico y abre nuevamente la discusión sobre qué busca realmente para el nuevo proceso.

Nicolás Córdova quiere comenzar un nuevo ciclo en la Selección Chilena. Al menos esa es una de las principales señales que entrega su nómina, donde aparecen futbolistas jóvenes y varios nombres que comienzan a tomar protagonismo pensando en un proceso que inevitablemente tiene como horizonte el Mundial de 2030.
Sin embargo, dentro de esa renovación aparece una decisión que cuesta hacer calzar con el discurso. Paulo Díaz, a sus 32 años, vuelve a recibir una oportunidad en La Roja y se mantiene dentro de la consideración pese a que difícilmente representa una apuesta de futuro para el próximo proceso mundialista.
No se trata, además, de un jugador que recién esté buscando demostrar sus condiciones con la camiseta de Chile. Díaz lleva años formando parte de diferentes procesos de la Selección y ha tenido numerosas oportunidades para consolidarse como uno de los referentes defensivos del equipo. Su rendimiento, sin embargo, nunca terminó de convertirlo en una pieza indiscutida.
Su presente tampoco parece fortalecer demasiado la apuesta. A mitad de año dejó River Plate después de perder terreno en el conjunto argentino y terminó recalando en Atlanta United de la MLS. Allí ha recuperado continuidad, sumando minutos regularmente durante las últimas semanas, pero en un escenario competitivo diferente al que tuvo durante buena parte de su carrera.
Ahí aparece la principal contradicción. Mientras Córdova abre espacios para jóvenes y comienza a dejar atrás nombres importantes del ciclo anterior, vuelve a recurrir a un defensor que llegará al Mundial de 2030 bordeando los 36 años y que ya tuvo suficientes oportunidades para demostrar cuál puede ser su aporte en la Selección.
Por supuesto que un recambio no significa borrar automáticamente a cualquier jugador sobre los 30 años. La experiencia también puede ser necesaria para acompañar la aparición de una nueva generación. El problema aparece cuando esas excepciones comienzan a dificultar la comprensión del criterio utilizado por el entrenador.
Porque si la intención es construir una Selección pensando en 2030, cada convocatoria debería servir también para probar alternativas capaces de llegar consolidadas a ese proceso. Y precisamente en una defensa que necesita encontrar nuevos nombres, entregar la enésima oportunidad a Paulo Díaz inevitablemente ocupa un espacio que podría utilizarse para mirar hacia adelante.
Córdova recién comienza a construir su proyecto y todavía tendrá tiempo para definirlo. Pero su nueva nómina deja instalada una primera interrogante: si Chile realmente inició el recambio pensando en el próximo Mundial, ¿qué busca exactamente el entrenador volviendo una vez más a Paulo Díaz?
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