steban Pavez tomó un avión rumbo a Lima con una sensación que pocos capitostes de Colo Colo han expresado abiertamente: la de no sentirse valorado por el cuerpo técnico y, por extensión, por la dirigencia del club que llevaba el brazalete. Antes de abordar, admitió sin medias tintas: “La verdad, creo que no le gusté, nunca le gusté”, al referirse al entonces entrenador Fernando Ortiz y a su poco protagonismo en el tramo final de su ciclo.
Más allá de la anécdota futbolística, esa frase marcó una herida más profunda: un síntoma de una gestión deportiva y comunicacional que, en más de una ocasión en los últimos años, ha mostrado fracturas entre Colo Colo y sus hombres más representativos.
Pavez, capitán de uno de los clubes más emblemáticos de Chile, no solo lamentó la falta de minutos, sino también la “frialdad” con que se manejó su despedida, criticando que no se le ofreciera ni siquiera un acto institucional mínimamente digno para un jugador de su trayectoria.
Este episodio vuelve a poner en el centro de la discusión un patrón que ha marcado al Monumental: las salidas de figuras históricas que no terminan con reconocimientos acordes a su legado, sino con desencuentros y denuncias públicas.
Esteban Paredes: cuando el máximo goleador sintió “traición”
El caso de Esteban Paredes, máximo artillero en la historia de Colo Colo, es paradigmático. Tras más de una década defendiendo los colores del Cacique, Paredes vivió su despedida como un momento profundamente doloroso. Lejos de un homenaje celebrado, el delantero señaló que se sintió “traicionado por Aníbal Mosa”, presidente de Blanco y Negro, por la manera en que se le comunicó que no sería renovado.
Paredes no cuestionó la decisión deportiva en sí, sino la falta de una conversación cara a cara para cerrar un ciclo que marcó toda una época en el club. Ese giro frío y desconectado con la historia personal del ídolo dejó una herida visible en gran parte de la hinchada.
Jorge Valdivia: claridad y transparencia en duda
Otra figura que vivió un final abrupto fue Jorge Valdivia. Tras una reunión inicial en la que cuerpo técnico y dirigentes le hicieron entender que continuaría en el equipo, nunca llegó una oferta formal de renovación. El “Mago” expresó su molestia y desconcierto por la falta de claridad: los mensajes cruzados entre dirigentes y el propio jugador terminaron por frustrar un regreso más ordenado.
Ese tipo de desencuentros no solo revelan fallas de comunicación, sino que también plantean interrogantes sobre la coordinación interna de Blanco y Negro a la hora de gestionar figuras que representan identidad e historia.
Matías Zaldivia: desilusión en primera persona
En un tono similar, Matías Zaldivia expresó su descontento al confirmar su salida luego de años de liderazgo y títulos con Colo Colo. “Estoy muy desilusionado con el trato de los dirigentes”, dijo el defensor, lamentando la falta de una comunicación directa sobre su futuro contractual pese a su trayectoria y compromiso con el club.
Para una figura que fue símbolo en defensa y cercano a la hinchada, la ausencia de una despedida institucional digna fue interpretada como un síntoma persistente de una gestión que prioriza procedimientos administrativos por sobre reconocimiento simbólico.
Julio Barroso y el retiro que nunca fue en casa
A esta lista se suma Julio Barroso, uno de los defensores más emblemáticos del último ciclo ganador. El argentino-chileno confesó recientemente que su plan era retirarse en Colo Colo, luego de haber sido parte clave del equipo que evitó el descenso. Incluso aseguró que Gustavo Quinteros le manifestó su intención de contar con él.
Sin embargo, al día siguiente fue citado para informarle que no seguiría. El golpe fue duro. Barroso terminó cerrando su carrera en Everton, lejos del Monumental y sin la despedida que había imaginado junto a su familia. Otro referente que esperaba terminar su historia en casa y terminó empujado hacia la salida.
Estos casos no pueden leerse como hechos aislados. Más bien, conforman un patrón que enfrenta dos mundos: la dimensión histórica, afectiva y simbólica de Colo Colo, por un lado; y la lógica corporativa y administrativa de Blanco y Negro, por otro.
Si bien la concesionaria defiende sus decisiones apuntando a planificación deportiva, sostenibilidad financiera y restructuración, la percepción entre hinchas, exjugadores y la prensa especializada es que las salidas de los referentes no han sido tratadas con la dignidad y coherencia que merecen.
La despedida de Esteban Pavez, con una crítica tan directa, no es solo una vieja queja más, sino un reflejo de una grieta profunda entre quienes hacen historia dentro de la cancha y quienes toman decisiones fuera de ella. Mientras Colo Colo siga despidiendo a sus ídolos con tensiones públicas en vez de con aplausos cerrados, esa pregunta —¿por qué los referentes de Colo Colo se van por la puerta de atrás?— seguirá resonando en el Monumental y más allá.