El listado de convocados de Nicolás Córdova volvió a instalar un viejo fantasma en Juan Pinto Durán: la falta de coherencia entre discurso y realidad numérica. En su reestreno como técnico de la selección adulta, tras la traumática eliminación del Mundial Sub 20 de Chile, el estratega tomó su primera decisión polémica: dejar fuera a Erick Pulgar.
No es un nombre menor ni un jugador prescindible para cualquier proyecto competitivamente serio en Sudamérica. A sus 31 años, Pulgar se ha afirmado en el mediocampo del Flamengo, uno de los equipos más exigentes del continente. Allí ha construido una campaña que difícilmente puede pasar inadvertida para un seleccionador, metiéndose en la final de la Copa Libertadores 2025.
Las cifras hablan por sí solas. Hasta mitad de año, el antofagastino sumó 26 partidos y 1.993 minutos, con presencia en certámenes de máximo nivel como el Brasileirao, la Copa Libertadores y el Mundial de Clubes. No solo eso: mostró una precisión de pase que supera el 93%, acumuló 104 recuperaciones de balón y realizó 40 entradas exitosas, consolidándose como eje de equilibrio y control del conjunto carioca.
No es casual que su técnico, Filipe Luís, haya llegado a calificarlo como un jugador “de nivel Barcelona”, comparándolo directamente con Sergio Busquets, referente absoluto del rol. “Los mediocampistas son el corazón del equipo”, justificó el ex lateral, blindando a un futbolista cuyo aporte va más allá del espectáculo y se instala en la arquitectura táctica del Flamengo.
El entrenador arrastra cuestionamientos desde la Sub 20, donde decisiones tácticas y expresiones sn sentido terminaron con un proceso hundido en dudas. La exclusión de Pulgar reactiva ese debate: ¿es un criterio técnico respaldado en análisis o un gesto que evidencia desconexión con el nivel que exige el fútbol de selecciones?
Sin respuestas claras desde el staff, con Córdova desaparacido desde la eliminación ante México en octavos de final. y con un mediocampo que aún busca un eje, la ausencia de Pulgar se instala como el primer ruido fuerte en la segunda etapa de Córdova. Una decisión que, mientras en Brasil se celebra por lo insólito, en Chile abre más preguntas que convicciones. Y en la Roja, donde el margen de error es mínimo y el tiempo de reconstrucción se agota, cada omisión pesa como nunca. La pelota, ahora, está del lado del técnico. Pulgar ya respondió en la cancha. Córdova deberá hacerlo desde la banca.