La caída de Colo Colo por 1-0 ante Universidad de Chile en el Monumental dejó más que un resultado adverso. El Superclásico 199 expuso con claridad un cambio en Fernando Ortiz, que ya se venía insinuando en las últimas semanas: el paso desde un técnico de perfil bajo a uno mucho más confrontacional, en una lógica que empieza a asemejarse al estilo que caracterizó a Jorge Almirón en Macul.
El partido fue cerrado y parejo, con escasas diferencias en el desarrollo, pero definido por un detalle que terminó inclinando la balanza para la U. Sin embargo, el análisis de Ortiz tras el encuentro no se centró en ese equilibrio, sino en factores externos.
“Ellos convirtieron y nosotros no pudimos convertir de las jugadas que tuvimos, el resultado está a la vista. Yo acepto la derrota, pero creo que el protagonismo no fue para el rival ni para nosotros, el protagonismo se lo lleva otra persona y sabemos de qué estoy hablando”, señaló el entrenador, apuntando directamente al arbitraje de Cristián Garay.
El técnico profundizó su postura con un discurso que ya se instala como patrón: “Millones de faltas reiteradas que no le muestran tarjetas a ellos, parece que soy alguien que busca excusas y no busco excusas. Pero faltitas tras faltitas, lo vamos a analizar tras el partido, no tengo duda que desvirtúa el juego”.
Ese énfasis en el arbitraje marca el punto central de la “Almironización” de Ortiz. Tal como ocurría con su antecesor, el foco del discurso se desplaza desde el juego hacia la figura del juez, construyendo una explicación externa para lo ocurrido en la cancha.
El contraste con su llegada a Colo Colo es evidente. En septiembre de 2025, Ortiz se mostraba como un técnico cercano, de tono mesurado, enfocado en los vínculos y en bajar la tensión del entorno. Hoy, en cambio, su comunicación está marcada por la irritación y la respuesta inmediata ante lo que considera injusticias.
El contexto ha empujado esa transformación. La presión constante, el ruido interno y la exigencia del entorno albo han ido moldeando un perfil distinto, más reactivo y alineado con el clima que rodea al club.
Así, Ortiz comienza a recorrer un camino conocido en Colo Colo. Uno donde el entrenador deja de hablar desde la calma y empieza a hacerlo desde la trinchera. Donde el discurso se endurece y el arbitraje se transforma en protagonista. Un proceso que, cada vez más, lo acerca a la figura de Almirón, no por decisión inicial, sino como respuesta a un entorno que no da espacio para medias tintas.