Justicia divina. Bélgica respondió en la cancha a una de las mayores polémicas del Mundial y despachó a Estados Unidos con un contundente 4-1 en Seattle, acabando con el sueño del anfitrión y, de paso, evitando que el escandaloso caso de Folarin Balogun siguiera avanzando por el cuadro.
La previa estuvo completamente marcada por la decisión de la FIFA de suspender la sanción automática que debía cumplir Balogun tras ser expulsado ante Bosnia y Herzegovina. El delantero recibió roja directa por un duro pisotón, pero el Comité Disciplinario utilizó el artículo 27 para dejar el castigo en suspenso durante un año. Donald Trump celebró públicamente la resolución, mientras Bélgica reclamó formalmente y la FIFA terminó rechazando su impugnación por razones procedimentales.
Pero había que jugar. Y ahí Bélgica no necesitó llamados, favores ni interpretaciones reglamentarias. Charles De Ketelaere abrió la cuenta a los nueve minutos y fue la gran figura de una selección que salió a comerse a Estados Unidos. Malik Tillman encontró el empate de tiro libre a los 31', pero la ilusión local duró apenas dos minutos: otra vez De Ketelaere apareció para firmar su doblete y devolver la ventaja a los Diablos Rojos.
Estados Unidos tuvo la pelota durante varios pasajes, pero nunca encontró respuestas ante una Bélgica mucho más peligrosa. Y Balogun, el hombre por el que se movió medio mundo en las últimas horas, prácticamente no apareció. Nathan Ngoy lo controló durante gran parte del encuentro y Thibaut Courtois respondió cuando el delantero tuvo su gran oportunidad.
El golpe definitivo llegó a los 57 minutos. Matt Freese cometió un error garrafal en la salida, De Ketelaere robó el balón y Hans Vanaken aprovechó el regalo para establecer el 3-1. Fue demasiado para el equipo de Mauricio Pochettino, que ni siquiera mostró una reacción acorde al escenario y terminó cabizbajo ante su propia gente. Cuando todo estaba dicho, Romelu Lukaku aprovechó otro error para decretar el 4-1 final para un mazazo histórico.
Bélgica había llegado furiosa. Su Federación exigió explicaciones, impugnó la presencia de Balogun y denunció un proceso disciplinario que consideró contrario a las reglas comunicadas antes del torneo. No consiguió justicia en los escritorios. La encontró en Seattle. Estados Unidos está fuera de su Mundial. Balogun jugó y no salvó a nadie. Trump celebró antes de tiempo y la FIFA quedó expuesta por una decisión que abrió una crisis de credibilidad innecesaria. Bélgica, mientras tanto, hizo lo único que podía hacer: ganar.