Entre Liga de Primera, Copa de la Liga y Copa Sudamericana, el delantero argentino acumula 15 partidos oficiales, 793 minutos disputados, apenas dos goles y una asistencia. Para un atacante contratado como referencia ofensiva, las cifras están muy por debajo de lo esperado.
El dato más duro es la frecuencia goleadora. Lucero convierte un gol cada 396 minutos, un rendimiento insuficiente para un futbolista llamado a resolver el histórico problema ofensivo que arrastra Universidad de Chile desde hace varias temporadas.
Uno de sus tantos llegó en el Clásico Universitario frente a Universidad Católica, mientras que el otro fue ante Deportes La Serena por Copa de la Liga. Más allá de esos dos partidos, el argentino ha tenido una presencia prácticamente nula en el marcador.
La situación adquiere una dimensión aún mayor al revisar sus antecedentes recientes. Antes de anotar frente a la UC, Lucero no convertía un gol oficial desde mayo de 2025 con la camiseta de Fortaleza. Es decir, estuvo cerca de un año completo sin celebrar una conquista.
Pero el problema no pasa únicamente por los goles. Durante gran parte de la temporada ha evidenciado dificultades para transformar ocasiones en anotaciones. Una situación que volvió a quedar expuesta este domingo ante Audax Italiano, cuando desperdició dos oportunidades claras en un partido decisivo para las aspiraciones azules.
La apuesta de Azul Azul fue importante. La dirigencia insistió en su contratación convencida de que podía transformarse en el delantero que necesitaba el equipo. Además, Lucero percibe un salario cercano a los $65 millones mensuales, ubicándose entre los jugadores mejor remunerados del plantel.
Mientras tanto, Universidad de Chile acumula una temporada para el olvido. En marzo quedó eliminada de la Copa Sudamericana ante Palestino. Este fin de semana también se despidió de la Copa de la Liga sin superar la fase grupal. Y en el campeonato nacional aparece a 13 puntos de Colo Colo, líder del torneo.
En ese contexto, resulta inevitable mirar el aporte de quien llegó para liderar el ataque. Porque cuando un club invierte una cifra de este nivel en un delantero, espera goles, partidos resueltos y diferencias en los momentos importantes.
Hasta ahora, eso no ha ocurrido. Los números muestran apenas dos goles en 793 minutos, una producción ofensiva extremadamente baja y una falta de eficacia que se ha repetido durante gran parte de la temporada. La gerencia deportiva buscó en Juan Martín Lucero la solución a la falta de gol. A mitad de año, la evidencia indica algo muy distinto: el delantero que debía resolver el problema terminó convirtiéndose en una de las principales muestras de que Universidad de Chile sigue sin encontrar al goleador que tanto necesita.