Juan Martín Lucero llegó a Universidad de Chile como uno de los grandes refuerzos para la temporada 2026. Con experiencia internacional, recorrido en torneos continentales y un salario cercano a los 70 millones de pesos mensuales, el argentino aterrizó en el Centro Deportivo Azul con la misión de transformarse en el referente ofensivo del equipo. Sin embargo, a seis meses de su llegada, la realidad es completamente distinta.
Los números son demoledores. Desde su estreno con la camiseta azul, Lucero apenas registra dos goles en 17 partidos oficiales. Convirtió ante Universidad Católica el 25 de abril y volvió a marcar una semana después frente a Deportes La Serena. Desde entonces, la sequía regresó. Y lo más preocupante para la U es que las oportunidades sí han existido.
La imagen más reciente ocurrió este martes ante Unión La Calera por Copa Chile. Con el partido igualado 1-1, Israel Poblete lanzó un centro perfecto al área y Lucero apareció sin marca para conectar de cabeza. Era una ocasión ideal para devolverle la ventaja a Universidad de Chile. Sin embargo, el remate se fue desviado. Otra oportunidad desperdiciada para un delantero cuya principal obligación es convertir.
No fue un hecho aislado. Contra Palestino tuvo un cabezazo frontal que terminó directamente en las manos de Sebastián Pérez. Frente a Colo Colo en el Monumental también desperdició una ocasión clara. Lo mismo ocurrió ante Cobresal y Audax Italiano. Partido tras partido aparecen situaciones que un goleador está obligado a resolver, pero que terminan reforzando una tendencia que ya parece instalada.
La situación se vuelve aún más compleja cuando se observa la competencia interna. Eduardo Vargas le arrebató el puesto de titular de manera categórica y sin apelaciones. El histórico delantero azul ha mostrado más movilidad, más influencia en el juego y una capacidad superior para generar peligro. Lucero pasó de ser la principal apuesta ofensiva del club a transformarse en una alternativa.
Es cierto que en sus últimos dos encuentros oficiales registró tres asistencias. Entregó dos frente a Santiago Wanderers y participó en la jugada que terminó con el empate agónico de Ignacio Vásquez ante La Calera. Sin embargo, sigue siendo un aporte insuficiente para un futbolista contratado para hacer goles y no para complementar el trabajo de otros.
Las cifras económicas ayudan a dimensionar el problema. Con un salario cercano a los 70 millones de pesos mensuales, Universidad de Chile ya ha desembolsado alrededor de 420 millones de pesos en remuneraciones durante el primer semestre del año. Con apenas dos goles anotados, cada conquista le ha costado al club aproximadamente 210 millones de pesos.
Pero el problema no comienza en la U. De hecho, los antecedentes estaban disponibles para cualquiera que quisiera revisarlos. El último gol de Lucero con Fortaleza ocurrió el 10 de mayo de 2025, cuando anotó un doblete frente a Juventude. Desde ese día y hasta su salida del club brasileño en diciembre no volvió a convertir un solo gol oficial.
Es decir, Universidad de Chile fue a buscar a un delantero que acumulaba siete meses de sequía goleadora. Un atacante que había perdido protagonismo en Fortaleza y cuyos números mostraban una caída evidente en su rendimiento ofensivo. Nada de eso era un secreto.
Por eso la pregunta ya no apunta exclusivamente al futbolista. Nadie puede discutir que Lucero está lejos del nivel esperado. Pero también resulta legítimo preguntarse quién tomó la decisión de convertirlo en el jugador mejor pagado del plantel. Qué análisis deportivo justificó semejante inversión. Qué antecedentes permitieron concluir que un delantero con siete meses sin marcar era la respuesta para los problemas ofensivos de Universidad de Chile.
Porque los números actuales son malos. Muy malos. Pero lo verdaderamente inquietante es que eran perfectamente previsibles. Y cuando un fichaje fracasa exactamente por las mismas razones que mostraba antes de llegar, la responsabilidad deja de ser únicamente del jugador.