La discusión sobre los verdaderos dueños de Universidad de Chile sumó un episodio que lejos de aclarar el panorama, lo vuelve más difuso. En entrevista con Radio Pauta, José Miguel Insulza, reciente integrante del directorio de Azul Azul, dejó una serie de declaraciones que tensionan el debate por la transparencia en la propiedad de la concesionaria que administra al club.
Consultado directamente por nombres que han sido vinculados históricamente a estructuras societarias del fútbol chileno, el ex senador fue categórico. “No había escuchado nunca esos tres nombres”, dijo en referencia a Marcelo Pesce, Victoriano Cerda y Patrick Kiblisky, agregando incluso que “el tercero me va a costar recordarlo”. Pero fue al puntualizar sobre Cerda donde su respuesta marcó el momento más fuerte de la entrevista: “Nunca había escuchado su nombre”.
Las declaraciones no pasan inadvertidas en un contexto donde precisamente uno de los principales cuestionamientos hacia Azul Azul apunta a la falta de claridad sobre sus controladores reales. Más aún considerando que el propio Insulza había manifestado minutos antes una postura diametralmente opuesta en términos de principios. “Estoy absolutamente de acuerdo en eso, saber quiénes son los propietarios finales”, afirmó, alineándose con el espíritu de la nueva ley de sociedades anónimas deportivas que busca evitar la multipropiedad y transparentar los vínculos “aguas arriba”.
En esa misma línea, el dirigente reforzó que el objetivo de la normativa será impedir triangulaciones o estructuras opacas. “La ley señala que nadie puede ser dueño más que de una sociedad deportiva. Por lo tanto, ahora hay que transparentar mucho más para evitar que alguien, a través de distintos nombres, compre dos o tres sociedades deportivas”, explicó, reconociendo implícitamente una práctica que ha estado bajo sospecha en el fútbol chileno.
El contraste entre ese discurso y el desconocimiento de nombres relevantes instala una tensión evidente. Porque mientras se promueve la necesidad de transparencia, la falta de información sobre actores que han sido parte del ecosistema futbolístico alimenta la percepción de opacidad en la estructura de propiedad del club. Un punto que también fue abordado en la entrevista al referirse a José Ramón Correa, quien logró reunir cerca de siete millones de dólares para adquirir parte del paquete accionario. “Que yo sepa José Ramón es dueño. ¿Por qué dudarlo, a menos que alguien me demuestre lo contrario?”, sostuvo Insulza, marcando una defensa basada en la formalidad más que en el origen de los recursos.
El escenario se vuelve aún más delicado al considerar las denuncias que actualmente se tramitan en la justicia por el denominado caso Sartor, donde inversionistas acusan que fondos destinados a otros fines habrían sido utilizados para adquirir acciones de Azul Azul, operación ligada a Michael Clark. Frente a esto, Insulza optó por desmarcarse y trasladar la discusión al ámbito judicial. “Si hay gente que ha sido estafada, tiene derecho a denunciar por estafa. Y si el tribunal les da la razón, tendrá que responder quien corresponda”, afirmó, evitando profundizar en el fondo del cuestionamiento.
Las palabras del ex senador no solo reflejan el complejo momento que vive la concesionaria, sino que también reafirman una inquietud que se arrastra hace años en torno a Universidad de Chile. Porque en medio de cambios dirigenciales, nuevas exigencias legales y procesos judiciales abiertos, la gran pregunta sigue sin respuesta clara. Y declaraciones como “nunca había escuchado su nombre”, en referencia a actores vinculados al negocio del fútbol, no hacen más que reforzar la sensación de que la transparencia total aún está lejos de concretarse.