Javier Correa volvió a hablar. Y volvió a hacerlo fuerte. Apenas conocida la sanción de dos partidos que recibió por sus gestos tras el Superclásico ante Universidad de Chile, el delantero de Colo Colo apareció en el streaming de Arturo Vidal para descargar toda su molestia contra el Tribunal de Disciplina y quienes cuestionaron su comportamiento.
“Es un chiste. Es mejor quedarte en casa tomando mate y que te den no más la sanción”, lanzó Correa. No quedó ahí. Incluso puso en duda la imparcialidad del organismo: “Tendríamos que averiguar de qué club son hinchas los que dan el veredicto”. Luego aseguró sentir que existe una lógica de “castiguemos porque es Colo Colo”.
El argentino también cuestionó la denuncia realizada por Universidad de Chile y defendió sus gestos como parte del “folclore” del fútbol. “¿En el barrio vas a hacer la denuncia si perdés?”, ironizó. Eso sí, posteriormente ofreció disculpas a Colo Colo y reconoció que debe hacerse responsable de sus actos.
El episodio no es aislado. Correa ya había recibido tres partidos de suspensión por sus durísimas declaraciones contra el árbitro Nicolás Gamboa. Ahora sumó otros dos por infringir el artículo 63 del Código de Penalidades después de los gestos realizados tras el Superclásico. Es decir, su temperamento ya comienza incluso a costarle deportivamente a Colo Colo.
Y es ahí donde aparece una pregunta inevitable: ¿qué carrera sostiene semejante personaje?
Porque Correa está jugando muy bien. Eso sería absurdo discutirlo. En la Liga de Primera 2026 registra 12 goles en 15 encuentros y vive probablemente el mejor momento de su trayectoria. Desde que llegó a Colo Colo acumula 34 tantos en 68 partidos oficiales, con un promedio de 0,50.
Pero cuando se abre el plano aparece una carrera bastante más terrenal. A sus 33 años, Correa ha vestido 12 camisetas y registra 126 goles en 422 partidos oficiales: apenas 0,30 por encuentro. Pasó por Instituto, General Paz Juniors, Ferro, Olimpia, Rosario Central, Godoy Cruz, Colón, Santos Laguna, Atlas, Racing, Estudiantes y finalmente Colo Colo. Nunca jugó en Europa y tampoco fue seleccionado argentino.
Sus mejores ciclos antes de llegar a Chile tampoco corresponden a los de un delantero extraordinario. Marcó 17 goles en 58 encuentros con Godoy Cruz, 13 en 29 con Colón, 14 en 41 con Racing y diez en 29 con Estudiantes. En Atlas convirtió apenas seis veces en 54 presentaciones. Buenos momentos, algunos goles importantes y una carrera respetable. Pero de figura continental, poco.
El palmarés tampoco impresiona. Correa tuvo que esperar hasta los 31 años para levantar su primera copa, cuando conquistó la Copa de la Liga 2024 con Estudiantes. Meses después fue campeón de Primera División con Colo Colo, siendo importante en la recta final con cinco goles en 11 encuentros. Sus grandes consagraciones llegaron recién en la madurez de su carrera.
Nada de aquello le quita méritos al Correa actual. Es goleador, importante para Colo Colo y atraviesa posiblemente la mejor temporada de su vida. Pero precisamente ahí está la diferencia: una cosa es estar jugando como una figura y otra haber construido una carrera de figura.
Correa tiene todo el derecho a reclamar cuando considera que existe una injusticia. También puede cuestionar públicamente al Tribunal y defenderse de las críticas. Pero cuando permanentemente dispara contra árbitros, organismos, rivales y medios, inevitablemente pone también su propia trayectoria sobre la mesa.
Y esa trayectoria dice bastante menos que su personaje. Javier Correa hoy juega como una estrella. El problema es que por momentos habla como si lo hubiera sido toda la vida.