Lo de Javier Correa en el Estadio Monumental ante Unión La Calera no fue un hecho aislado. Fue, más bien, la última escena de una película que en Colo Colo ya conocen de memoria: frustración, descontrol y poco foco en el juego. El delantero salió lesionado a los 24 minutos y terminó descargando su furia contra la banca, golpeando y botando asientos en una reacción que volvió a encender las alarmas internas.
Pero este episodio es solo la punta del iceberg. La lista de berrinches de Correa en Macul empieza a ser más larga que su aporte futbolístico.
La semana también existieron gestos de poca felicidad. En el propio Monumental, tras marcar en el triunfo ante Everton, mandó a callar a la hinchada en los descuentos. Un gesto innecesario, en un contexto donde ya era cuestionado por su rendimiento. Después vinieron las disculpas, pero el daño ya estaba hecho: un delantero enfrentado a su propio público.
A eso se suma su relación con la prensa. En 2025, cansado de las críticas, lanzó un “me chupa un huevo lo que digan”, frase que no solo tensionó su vínculo con los medios, sino también con la dirigencia de Blanco y Negro, que ya cuestionaba el rendimiento de uno de los contratos más altos del plantel.
En la cancha, el Superclásico también fue escenario de su descontrol. Provocaciones a Marcelo Díaz, un codazo a Matías Zaldivia que bien pudo costarle la expulsión (lo reconoció el propio jefe de los árbitros hace algunos días) y un altercado en zona mixta que incluyó insultos al presidente de Azul Azul, Michael Clark. Un combo completo que lo dejó más cerca del castigo que del protagonismo futbolístico.
El problema de fondo es evidente: Correa juega al límite, pero no solo dentro de la cancha. Su temperamento lo traiciona en un club donde la presión es máxima y la tolerancia mínima. Y si bien por momentos ha respondido con goles, la balanza empieza a inclinarse peligrosamente. Porque en Colo Colo no basta con el carácter. Hay que rendir. Y hoy, en el caso de Javier Correa, el ruido está siendo mucho más fuerte que el fútbol.