La presentación de Javier Altamirano ante Huachipato, en la derrota por 2-1 de Universidad de Chile en Talcahuano por la fecha 2 del Campeonato Nacional, estuvo lejos de ser positiva. El mediocampista no logró incidir en el juego, tuvo escasa participación en la generación ofensiva y terminó siendo reemplazado a los 59 minutos por Maximiliano Guerrero, una señal clara de una actuación sin impacto.
Lo ocurrido en el sur no fue un episodio aislado, sino la confirmación de un bajón que se arrastra desde noviembre. Los números lo respaldan con claridad: en sus últimos diez partidos oficiales con la camiseta azul, Altamirano registra apenas un gol y una asistencia, ambas acciones concentradas en noviembre y diciembre de 2025. Desde entonces, su influencia directa en el marcador ha desaparecido, acumulando 1 gol y 1 asistencia en sus últimos 13 partidos, que son los jugados desde que se anunció la extensión de su vínculo.
El contraste es evidente si se lo compara con su primer tramo en la U, donde supo tener continuidad, protagonismo y aporte ofensivo. En el balance general, sus cifras siguen siendo defendibles en términos globales: 47 partidos oficiales, ocho goles y cuatro asistencias en 3.204 minutos, considerando Campeonato Nacional, Copa Chile y competencias internacionales. Sin embargo, el análisis fino marca un quiebre nítido entre el cierre de 2025 y este arranque de temporada.
Este declive deportivo coincide además con un momento clave fuera de la cancha. En septiembre de 2025, Azul Azul decidió ejecutar de manera anticipada la opción de compra incluida en su contrato de préstamo, operación que permitió al club quedarse con el 50% de su ficha. La cláusula original ascendía a US$ 1,2 millón, pero al activarse antes del término de la cesión el monto se redujo, lo que significó un ahorro cercano a US$ 200 mil para el Romántico Viajero. El porcentaje restante del pase quedó en manos de Huachipato, club formador del volante.
Con la renovación ya firmada hasta 2028 y la inversión concretada, la discusión vuelve inevitablemente a la cancha. Hoy, los datos son claros y el contexto también: Javier Altamirano atraviesa su momento más bajo desde que llegó a Universidad de Chile, en un equipo que tampoco logra encontrar funcionamiento y que empieza a exigir respuestas a una apuesta que, por ahora, no termina de consolidarse.