A esta altura, lo de Japón ya no puede considerarse una sorpresa. La selección dirigida por Hajime Moriyasu volvió a exhibir el fútbol moderno, intenso y ordenado que viene mostrando desde hace varios años para aplastar por 4-0 a Túnez en Monterrey, justo en el partido número 1.000 de la historia de los Mundiales.
Si bien los africanos llegaban profundamente golpeados tras la durísima caída por 5-1 frente a Suecia en su estreno, existía la incógnita de cómo reaccionarían tras el cambio de entrenador y la llegada de Hervé Renard. Sin embargo, cualquier ilusión duró muy poco. Japón golpeó desde el arranque y nunca permitió que el encuentro se complicara.
Daichi Kamada abrió la cuenta en los primeros minutos y marcó el camino de una actuación dominante de los asiáticos, que manejaron la posesión, presionaron alto y encontraron espacios con facilidad ante una defensa tunecina que volvió a exhibir enormes problemas. Más tarde apareció Ayase Ueda con un doblete y Junya Ito completó una goleada que reflejó con justicia la diferencia entre ambos equipos.
Lo más llamativo es que Japón ni siquiera necesitó sufrir. Tras el valioso empate conseguido frente a Países Bajos en el debut, los nipones dieron un nuevo paso adelante y demostraron que cuentan con recursos para competir frente a cualquiera. Orden táctico, velocidad en las transiciones, presión coordinada y una eficacia cada vez mayor en el área rival son algunas de las credenciales de un equipo que dejó hace tiempo de ser una revelación.
Túnez, en cambio, volvió a mostrar una preocupante fragilidad. Recibió nueve goles en apenas dos partidos y prácticamente nunca logró inquietar al arco japonés. El cambio de entrenador no alcanzó para modificar una tendencia que terminó con su eliminación prematura del torneo.
Mientras otras selecciones consideradas candidatas han sufrido para imponerse a rivales de menor jerarquía, Japón resolvió el trámite con una autoridad que cada vez llama menos la atención. Porque ya no se trata de una sorpresa ocasional: los Samuráis Azules se han instalado definitivamente entre las selecciones más competitivas del planeta y lo volvieron a demostrar en una noche histórica para el fútbol mundial.