A esta altura ya nadie puede hablar de sorpresa. Japón llegó al Mundial 2026 con una generación consolidada, una estructura táctica reconocible y años acumulando actuaciones competitivas en la élite. Sin embargo, el destino le tenía preparado el desafío más exigente posible. Tras finalizar segundo en el Grupo F, la selección nipona quedó emparejada con Brasil en los dieciseisavos de final, uno de los cruces más atractivos de toda la primera ronda eliminatoria.
La definición de la zona tuvo emoción hasta el último minuto. Países Bajos y Japón llegaron a la tercera fecha compartiendo el liderato con cuatro puntos, mientras Suecia aún mantenía opciones matemáticas de clasificación. Túnez, golpeado por dos derrotas consecutivas y nueve goles recibidos, ya estaba eliminado antes de saltar al campo.
Los neerlandeses sabían que dependían de sí mismos. Enfrentaban al rival más débil del grupo y además tenían una diferencia de gol favorable gracias al contundente 5-1 conseguido sobre Suecia en la segunda jornada. Del otro lado, Japón necesitaba vencer a los escandinavos y esperar un tropiezo de la Oranje para quedarse con el primer puesto.
La historia comenzó de manera ideal para los dirigidos por Ronald Koeman. Apenas iban tres minutos cuando una desafortunada acción de Skhiri terminó en autogol. Cuatro minutos después apareció Brian Brobbey para establecer el 2-0 y prácticamente sentenciar el partido antes del primer cuarto de hora. Con semejante ventaja, Países Bajos empezó a administrar energías mientras observaba de reojo lo que sucedía en el otro encuentro del grupo.
Mientras tanto, Japón y Suecia disputaban un duelo mucho más equilibrado. Los asiáticos lograron adelantarse en el marcador y durante varios minutos llegaron a ilusionarse con un escenario mejor. De hecho, en Kansas City comenzó a instalarse la preocupación. Con el triunfo japonés, el liderato podía cambiar de manos dependiendo de la diferencia de goles. Los cálculos comenzaron a multiplicarse y la posibilidad de enfrentar a Brasil en la siguiente ronda se transformó en una amenaza real para los neerlandeses.
La situación quedó reflejada incluso durante la transmisión del partido entre Túnez y Países Bajos. "Ojo que marca Japón. Va 1-0 ante Suecia y si mete un gol más le quita el liderato a Holanda y manda a los de Koeman a jugar contra Brasil", advirtió el relato cuando todavía quedaba más de media hora por disputarse.
Sin embargo, el suspenso duró poco. Túnez encontró el descuento mediante Mastouri y por algunos minutos volvió a generar incertidumbre. Pero la reacción neerlandesa fue inmediata. Un cabezazo de Van Hecke terminó provocando un nuevo autogol tunecino para el 3-1 definitivo, resultado que permitió a Países Bajos recuperar tranquilidad y asegurar el primer lugar del grupo independientemente de lo que ocurriera en el otro estadio.
Finalmente, Japón no pudo sostener la victoria y Suecia encontró la igualdad. El 1-1 dejó a los asiáticos con cinco puntos, dos menos que la Oranje, que cerró la fase grupal con siete unidades. Los neerlandeses terminaron invictos gracias al empate entre ambos en el debut, la goleada sobre Suecia y la victoria contra Túnez. Japón también concluyó sin derrotas, pero el empate final le impidió dar el salto al primer puesto.
La tabla final dejó a Países Bajos como líder y a Japón como escolta. Suecia quedó eliminada pese a sumar cuatro puntos y Túnez cerró una campaña para el olvido con tres derrotas y doce goles recibidos.
Las consecuencias de aquella clasificación fueron inmediatas. Como ganador del Grupo F, Países Bajos enfrentará a Marruecos, segundo del Grupo C. Japón, en cambio, tendrá que medirse con Brasil, líder de la misma zona tras superar a Escocia y Haití y empatar con los marroquíes.
El cruce promete ser una verdadera prueba de fuego para los asiáticos. Brasil todavía no deslumbra, pero cuenta con una plantilla repleta de talento y con futbolistas capaces de resolver partidos en cualquier momento. Japón, por su parte, llega con argumentos sólidos: orden táctico, intensidad, presión coordinada y una generación que ya no se conforma con competir, sino que busca avanzar.
Será además un enfrentamiento cargado de simbolismo. De un lado estará la selección más exitosa en la historia de los Mundiales. Del otro, uno de los proyectos futbolísticos que más ha crecido durante las últimas dos décadas. Brasil cargará con la obligación y el favoritismo. Japón, con la convicción de que ya dejó atrás el papel de invitado incómodo para transformarse en un candidato capaz de derribar gigantes.
Los neerlandeses respiraron aliviados cuando sonó el pitazo final en Kansas City. Evitaron a Brasil y conservaron el liderato. Japón, en cambio, deberá atravesar el camino más difícil. Pero si algo ha demostrado este Mundial es que los nipones ya no le temen a nadie. Ahora tendrán la oportunidad de demostrarlo frente al gigante sudamericano.