Sin mostrar un gran juego, los nipones fueron mucho más que los dirigidos por Nicolás Córdova que otra vez dejaron gusto a poco.

Se sabía que Japón era un rival más duro que Nueva Zelanda y esa percepción hoy se hizo realidad en el Estadio Nacional. Sin mostrar un fútbol vistoso, pero sí muy efectivo, los orientales superaron 2-0 a Chile que otra vez mostró poco andamiaje futbolístico, escasa mecánica de juego y poco poder de fuego en ofensiva.
La primera mitad fue más bien plana. Sin tantas llegadas y con La Roja en mayor dominio del balón. Eso sí las aproximaciones más profundas eran japonesas, con la velocidad por las bandas como sus grandes armas. Llegó así el minuto 32, cuando una buena acción de Rento Takaoka terminó con el japonés en el suelo. El árbitro marroquí Jalal Jayed cobró penal de manera acertada. El propio volante lanzó desde los doce pasos sin poder vencer al buen golero Sebastián Mella, la figura del equipo de Córdova. Poco más pasó en un primer tiempo que careció de grandes emociones.
La segunda mitad arrancó con ánimos renovados, pero con la falta de fuego que tanto pesa. Rossel tuvo una chance inmejorable, pero el estuvo lento y dejó pasar LA oportunidad para los nacionales para abrir la cuenta. Japón siguió presionando con Saito como agente ofensivo, justamente el volante fue derribado en el área y esta vez Rion Ichihara no fallaría para poner el 1-0 a los 54’
Con la ventaja los nipones mostraron su mejor versión, haciendo ver a Chile como un equipo muy inferior. Un tromba que por 10 minutos pareció llevarse puesto a un equipo sin piernas ante el buen despliegue de sus rivales. Lautaro Millán y poco más de Chile que tuvo un par de llegadas claras antes de recibir el mazazo final: Yuto Ozeki clavó un derechazo que los 82’ sentenció el 2-0.
De ahí en más lo mismo. La Roja con la pelota pero sin hacer daño y Rossel desperdiciando nuevas llegadas de gol. Chile se estrelló ante un rival serio que puso nuevamente en perspectiva el sufrido triunfo ante Nueva Zelanda y el real nivel del equipo de Córdova.