Hernán Caputto lleva semanas repitiendo una idea que, para él, ya dejó de ser un debate y se transformó en un síntoma de crecimiento: el entrenador chileno está preparado para dirigir en cualquier nivel, incluso en la Selección. “Siempre es bonito que el entrenador de la Selección sea alguien del país”, afirma, convencido de que la formación local vive uno de sus momentos más sólidos. “Hace tiempo que los entrenadores chilenos han demostrado que tienen categoría y que pueden estar en un alto nivel”.
El técnico de Deportes Copiapó explica que su propia trayectoria es un ejemplo de ello. Pasó casi una década en selecciones juveniles, se formó en Chile y desde ahí se construyó como entrenador. “Estoy nacionalizado, pero mi formación es de acá, y eso lo valoro muchísimo”, enfatiza. Para él, el reconocimiento debe nacer desde adentro: “Debemos valorarnos aún más nosotros para que los demás nos valoren. Y cuando hablo de los demás, no hablo de otros países: hablo de nuestros propios dirigentes”.
Caputto cree que el repunte de técnicos nacionales en todas las categorías no es una casualidad sino un proceso sostenido. “Esto no es de ahora. En Tercera, en Segunda y en Primera B ha habido muchos campeonatos obtenidos por entrenadores chilenos”, recuerda, aunque admite que había un vacío en Primera División: “El último técnico chileno campeón fue Mario (Salas) en 2016–2017”.
Sobre el próximo seleccionador, agrega un matiz técnico: “El entrenador de la Roja debe conocer muy bien la liga y muy bien a sus jugadores. Aunque el 70 u 80% juegue afuera, ese conocimiento del contexto local siempre es clave”.
El foco deportivo: una semifinal durísima y una vuelta condicionada
Mientras instala ese debate, Caputto también se prepara para un desafío inmediato: la semifinal de la liguilla de ascenso frente a un Deportes Concepción que llega con envión competitivo y una identidad consolidada. “Por juego han demostrado andar muy bien en estos primeros dos partidos de la liguilla. Han hecho mucho mérito durante el año”, reconoce.
El técnico recuerda que la base del conjunto penquista viene trabajada desde antes. “Manuel había formado este equipo y había llevado un torneo muy bueno. Con la llegada del Pato hubo continuidad en la identidad, pero los jugadores son los mismos y siguen brillando”.
En la ida, Copiapó enfrentará bajas sensibles. “No va a estar Thomas Jones ni Julio Fierro”, lamenta Caputto. Sin embargo, destaca que el plantel ha respondido todo el año: “Tenemos jugadores que han querido su oportunidad durante la temporada y ahora la van a tener”.
El capítulo más delicado está en la vuelta, donde el “León de Atacama” jugará sin público local como castigo por los incidentes registrados precisamente ante Universidad de Concepción en el último partido de la fase regular, cuando un hincha ingresó a la cancha y derivó en la sanción. Caputto se hace cargo: “Independiente de si entró uno o entraron muchos, se cometió un error. Nos sancionaron con un partido sin público, y ya está. Solo queda corregir para lo que viene”.
No será un detalle menor. Copiapó suele hacerse fuerte en casa y la ausencia del público condiciona la planificación. Aun así, el técnico evita excusas: “Ojalá la gente pueda estar en una fase final, pero hoy tenemos que enfrentar esto tal como es”.
El clima en la ciudad, pese a todo, se mantiene cargado de ilusión. Copiapó estuvo en Primera la temporada anterior y el deseo de volver es transversal. “Cuando uno vive Primera División y ve lo que se mueve alrededor, siempre anhela volver”, dice Caputto. Aunque el plantel se reconstruyó casi completo —“vinieron 21 jugadores y se fueron 22”—, el equipo llega a esta instancia “con la fe intacta y listo para luchar hasta el final”.
El miércoles comienza otra batalla. Una semifinal que exigirá carácter, estrategia y resistencia emocional; una prueba para un equipo que quiere volver rápidamente a la élite y para un entrenador que no solo disputa un ascenso, sino que también defiende con palabras y resultados el valor del técnico chileno.