Gustavo Álvarez sufrió uno de los golpes más duros de su carrera como entrenador. San Lorenzo cayó 1-0 ante Recoleta en el Nuevo Gasómetro y protagonizó un verdadero papelón internacional al quedar eliminado de la Copa Sudamericana frente a un rival paraguayo debutante en competencias Conmebol. El equipo argentino llegaba dependiendo de sí mismo, necesitaba apenas empatar para avanzar al menos al repechaje, pero terminó tercero en el Grupo D y afuera de todo.
La derrota golpeó fuerte porque el escenario parecía ideal para el cuadro azulgrana. Incluso arrancó la última fecha como líder de su grupo, pero el gol de Allan Wlk terminó derrumbando toda la planificación del semestre. Paralelamente, Santos goleó a Deportivo Cuenca y dejó sin margen al equipo dirigido por el exDT de Huachipato y Universidad de Chile.
El clima en el estadio fue explosivo. Los hinchas despidieron al equipo con silbidos y cánticos contra los jugadores y el cuerpo técnico. Tras el encuentro, Álvarez decidió quedarse junto al plantel en la cancha para enfrentar la reprobación del público. “En los malos momentos hay que dar la cara”, señaló el entrenador en conferencia, reconociendo además que “nuestra Copa fue mala”.
La eliminación profundiza un momento muy complejo para San Lorenzo. El equipo quedó fuera del Torneo Apertura argentino tras caer ante River y ahora suma este fracaso continental ante un rival que, en el papel, aparecía ampliamente inferior. La prensa argentina habló derechamente de “papelón”, “bochorno” e “insólita eliminación” tras una campaña donde el cuadro de Álvarez nunca logró consolidar funcionamiento ni regularidad.
Además, la continuidad del técnico quedó en duda. Consultado por su futuro, Gustavo Álvarez respondió que “mi continuidad no depende de mi voluntad”, dejando abierta la puerta a una eventual salida tras apenas dos meses en el cargo.