La relación entre la FIFA y la UEFA atraviesa su momento más delicado en años. Las diferencias que se arrastraron durante todo el Mundial 2026 terminaron por estallar con un gesto que no pasó inadvertido: el presidente de la UEFA, Aleksander Ceferín, decidió no asistir a la final entre España y Argentina, una ausencia que, según informó el medio británico The Times, respondió a una serie de profundos desacuerdos con la FIFA.
El conflicto entre ambas organizaciones fue mucho más allá de una simple diferencia de criterios. Según la agencia internacional, la UEFA cuestionó duramente la forma en que la FIFA manejó distintos aspectos del torneo, desde procedimientos disciplinarios hasta la organización de los partidos y la logística arbitral, generando un quiebre que quedó expuesto justo en el partido más importante del campeonato.
Uno de los episodios que más tensionó la relación fue el polémico caso del delantero estadounidense Folarin Balogun. La FIFA decidió dejar sin efecto la sanción automática de un partido tras su expulsión, una medida que la UEFA consideró inaceptable y que, de acuerdo con Reuters, llevó al organismo europeo a afirmar que el ente rector del fútbol mundial había "cruzado una línea roja".
Las diferencias tampoco terminaron ahí. La UEFA también expresó su molestia por el caso del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, quien no pudo dirigir en el Mundial después de que Estados Unidos le negara el ingreso al país. Paradójicamente, el juez fue posteriormente designado para dirigir la Supercopa de la UEFA entre Paris Saint-Germain y Aston Villa, una decisión que fue interpretada como una señal de respaldo por parte del organismo europeo.
A ello se sumaron reparos por la gestión de los partidos con participación de Irán y por varias modificaciones operativas impulsadas por la FIFA durante el torneo, como las pausas obligatorias para hidratación y la extensión del entretiempo en la final. Aunque estas medidas fueron justificadas por el organismo presidido por Gianni Infantino, en la UEFA nunca generaron consenso.
La ausencia de Ceferín en el MetLife Stadium terminó transformándose en la imagen más simbólica de un conflicto institucional que venía incubándose durante todo el Mundial. Sin declaraciones públicas de por medio, el presidente de la UEFA optó por mantenerse al margen de la ceremonia más importante del fútbol, dejando en evidencia una distancia política que hoy parece mayor que nunca entre las dos organizaciones más poderosas del deporte.