La FIFA oficializó un cambio histórico para la final del Mundial 2026 y, para muchos hinchas tradicionales, también un nuevo golpe a la esencia del deporte rey. El partido decisivo, programado para el 19 de julio en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, tendrá por primera vez un espectáculo musical de medio tiempo, con Shakira, Madonna y BTS como artistas principales.
La medida replica derechamente el formato del Super Bowl, el evento deportivo y televisivo más importante de Estados Unidos, y confirma el camino que viene impulsando Gianni Infantino: convertir la Copa del Mundo en una plataforma de entretenimiento global, incluso si eso implica intervenir uno de los ritos más sagrados del fútbol, el descanso de 15 minutos entre tiempos.
Según informó La Tercera, el show será producido por Global Citizen y la elección de los artistas estuvo a cargo de Chris Martin, vocalista de Coldplay. La apuesta busca combinar música latina, pop y K-pop, bajo el argumento de representar la diversidad cultural del torneo. Sin embargo, el fondo de la decisión es evidente: FIFA quiere capturar nuevas audiencias, ampliar el negocio y adaptar la final mundialista al lenguaje del espectáculo estadounidense.
El problema es que el fútbol no es la NFL. En una final del mundo, el entretiempo no es un espacio muerto ni una pausa comercial extendida. Es parte del partido. Es táctica, recuperación, tensión, vestuario, correcciones y drama deportivo. Alargar ese momento para montar un show de 30 minutos altera la dinámica competitiva y transforma el evento en algo cada vez más parecido a una gala televisiva que a una final de Copa del Mundo.
La decisión se suma a una larga lista de movimientos de la era Infantino: Mundial de 48 selecciones, expansión permanente de torneos, Mundial de Clubes recargado y una obsesión evidente por conquistar mercados. El fútbol sigue siendo el producto más poderoso del planeta, pero FIFA parece convencida de que no basta con el juego. Ahora también necesita escenario, artistas, gradas intervenidas y lógica de espectáculo total.
La final del Mundial 2026 será histórica, sí. Pero también puede quedar marcada como el día en que FIFA cruzó otra línea: la de tratar al fútbol no como el centro del evento, sino como una parte más de un negocio cada vez más grande.