El tropiezo ante Deportes Limache en la primera fecha del Campeonato Nacional 2026 no solo marcó un mal arranque para Colo Colo: también reactivó un debate que ya venía instalado al cierre del año pasado. El proyecto de Fernando Ortiz vuelve a quedar bajo cuestionamiento.
Tras el partido, el propio técnico asumió responsabilidades. “Es una derrota que obviamente duele. No es lo que queríamos para el arranque, pero hay que aceptar que se perdió”, señaló, apuntando directamente a fallas internas: “son pequeños errores que nos cuestan caro”. Además, reconoció la falta de eficacia ofensiva: “las chances que tuvimos tampoco las pudimos concretar”.
Los números respaldan el malestar. Con esta caída, Ortiz llegó a 10 partidos oficiales al mando del Cacique, con un balance de 5 derrotas, 4 victorias y 1 empate, lo que se traduce en apenas 43,3% de rendimiento (13 puntos de 30 posibles). Un registro bajo para un club que quedó fuera de competencias internacionales y que enfrenta el 2026 sin margen de error.
Pese a ese escenario, su continuidad no responde estrictamente a resultados deportivos. En Macul saben que la delicada situación financiera del club limita cualquier apuesta por un nuevo entrenador. Cambiar de DT implica indemnizaciones y nuevos contratos que hoy Colo Colo no está en condiciones de asumir con holgura.
Ese contexto explica también las condiciones contractuales que aceptó Ortiz: un vínculo hasta fines de 2026, pero con cláusula de revisión tras la primera rueda del torneo, un tipo de acuerdo que difícilmente asumiría un técnico con mayor respaldo o pergaminos. En la práctica, se trata de un contrato frágil, condicionado a resultados a corto plazo.
Desde el entorno del club lo reconocen en privado: Ortiz acepta escenarios que otros entrenadores no aceptarían. Evaluaciones semestrales, continuidad sin blindaje económico y presión inmediata. Un cuadro que grafica tanto la urgencia del DT por mantenerse vigente como la necesidad de Blanco y Negro de abaratar riesgos.
El propio entrenador ya había asumido el incumplimiento de objetivos deportivos al cierre de 2025: “hay que hacerse cargo de la situación, no se cumplió el objetivo, esa es la realidad”, dijo en su momento, aunque insistiendo en que quería seguir “más que nunca”.
Hoy, tras Limache, el panorama vuelve a oscurecerse. Las críticas aumentan, el rendimiento no despega y el margen se reduce. Formalmente, para que Ortiz sea despedido basta con que la dirigencia active la cláusula de revisión tras la primera rueda o decida cortar el proceso antes, asumiendo el costo económico.
Mientras tanto, el técnico argentino continúa al mando más por las limitaciones financieras del club que por convicción futbolística. Y la derrota en el debut del 2026 solo reforzó una percepción que ya circula en el ambiente albo: el proyecto no convence, el entrenador está en la cuerda floja y el tiempo corre en su contra.