La vuelta de Javier Torrente al banco oro y cielo no es solo un movimiento para rellenar un cargo vacante: se trata de una apuesta estratégica que apunta a repetir lo que ya funcionó hace siete años, cuando el argentino asumió en Viña del Mar bajo circunstancias adversas en una lucha extremadamente pareja por no descender.
En ese entonces, Everton acumulaba solo 10 puntos en 14 fechas cuando Torrente asumió. El equipo había ganado apenas dos partidos y estaba entre los últimos lugares de la tabla. Bajo su mando, en cambio, el cuadro oro y cielo logró 23 puntos en la segunda rueda, con un repunte que incluyó triunfos clave ante rivales directos y un rendimiento cercano al 55%, lo que permitió dejar atrás el fantasma del descenso.
Más allá de los números inmediatos, Torrente consiguió que el equipo fuese competitivo en casa: en Sausalito firmó un invicto de varios partidos y sumó el grueso de los puntos que le dieron oxígeno en esa campaña. Esa fórmula, sobre todo jugando en el Estadio Sausalito, es la que hoy la dirigencia espera volver a replicar.
El desafío será mayor. Torrente llega con la misión de elevar esa cifra, con la experiencia de saber que ya lo hizo una vez. La apuesta está clara: confiar en los números que lo avalaron en 2018 para construir un nuevo despegue y salvar a los viñamarinos del Fantasma de la B. Con seis partidos por jugar. el objetivo ahora se ve incluso más complejo que siete años atrás.