Erling Haaland parece fabricado para intimidar. Mide 1,96 metros, corre como si los defensores no existieran y convierte goles con una facilidad que por momentos parece mecánica. Su extraordinario Mundial con Noruega, con siete anotaciones y un doblete decisivo para eliminar a Brasil, terminó de confirmar que estamos ante uno de los mejores delanteros del planeta.
Sin embargo, durante esta Copa del Mundo también ha quedado al descubierto otra versión del atacante del Manchester City. Una mucho más espontánea, humana y cercana que aquella imagen fría y robótica que durante años acompañó su carrera. Haaland cautiva por sus goles, pero también por su personalidad, su sentido del humor y una forma de relacionarse con los fanáticos que lo ha convertido en uno de los jugadores más queridos del torneo.
El noruego se ríe de sí mismo, comparte bromas con sus compañeros, se presta para videos absurdos y utiliza sus redes sociales sin la rigidez habitual de las grandes estrellas. En Instagram y Snapchat ha comparado su apariencia con Shrek y con Majin Buu, el personaje de Dragon Ball, mientras que en su canal de YouTube permite ver una versión mucho menos calculada del goleador que aterroriza defensas cada fin de semana.
No todo es improvisación. Sus publicaciones forman parte de una estrategia comunicacional cuidadosamente trabajada, pero logran transmitir naturalidad. Haaland no intenta parecer perfecto ni construir la figura distante de una celebridad inalcanzable. Puede aparecer recorriendo una tienda vestido de vaquero, bromeando con un hincha que no lo reconoce o respondiendo entre risas a Wayne Rooney, quien prometió remar por el río Mersey si Noruega alcanzaba los cuartos de final.
“Estoy deseando verte, Wayney boy. Eso es todo lo que quiero ver ahora”, comentó Haaland en uno de sus videos, disfrutando la oportunidad de cobrarle la palabra al histórico delantero inglés. Una escena sencilla, pero representativa de un futbolista que entiende el espectáculo sin abandonar la competencia.
Esa personalidad también aparece después de los partidos. Tras la histórica victoria sobre Brasil, Haaland tomó el tambor de los aficionados noruegos y encabezó las celebraciones junto a sus compañeros. No se limitó a recibir los aplausos por sus dos goles ni buscó protagonizar en solitario una de las noches más importantes en la historia futbolística de su país. Se integró a la fiesta como uno más.
Para Geir Jordet, profesor de psicología de la Escuela Noruega de Ciencias del Deporte, el gran atractivo de Haaland nace precisamente de esa mezcla entre una preparación casi obsesiva y una personalidad relajada. “Por un lado está este profesionalismo, esta determinación y esta orientación casi mecánica para prepararse, desarrollarse y marcar goles. Por el otro, está este jugador relajado, divertido y que piensa en el equipo”, explicó.
Jordet sostiene que una de las señales más claras aparece cuando marcan sus compañeros. “Su alegría es real. Parece genuinamente más feliz cuando sus compañeros anotan que cuando lo hace él mismo. Todos podemos enumerar jugadores con los que definitivamente no ocurre eso. Tener esa combinación es algo muy especial”, agregó.
Quienes lo conocieron durante su formación coinciden en la descripción. Hakon Grottland, histórico responsable del desarrollo de jugadores de la Federación Noruega, recuerda a un adolescente de enorme energía, sonrisa permanente y capacidad para unir a quienes estaban a su alrededor. No era entonces el delantero dominante que hoy conoce el mundo, pero ya mostraba una personalidad magnética.
También estaba presente su obsesión por el trabajo. En los seminarios de entrenadores de la Federación Noruega todavía se exhibe un video de Haaland cuando tenía 16 años. En las imágenes participa en un ejercicio de definición y falla gran parte de sus 20 remates. Los técnicos que observan la secuencia suelen concluir que aquel joven no parecía tener condiciones suficientes para convertirse en delantero de la selección.
La escena, sin embargo, tiene un detalle fundamental. Cuando se realizó ese entrenamiento, el resto del equipo ya se encontraba en el bus regresando al hotel. Haaland permaneció en la cancha acompañado únicamente por un entrenador y un arquero porque quería seguir practicando. Fallaba, repetía y volvía a intentarlo.
“Quizás por eso llegó a ser el mejor: fue el que más falló y entrenó y entrenó”, explicó Grottland. Aquella perseverancia ayuda a comprender cómo un futbolista que no destacaba especialmente a los 14 años terminó transformándose en una máquina de convertir goles.
Su carrera registra 297 anotaciones en 364 partidos entre Molde, Red Bull Salzburgo, Borussia Dortmund y Manchester City. Con Noruega, su producción resulta todavía más impactante: 62 goles en 54 presentaciones y anotaciones en cada uno de sus últimos 14 encuentros internacionales. Números monstruosos construidos desde una disciplina que contrasta con la ligereza que muestra fuera de la cancha.
“Intento jugar los partidos como si fueran un entrenamiento. Es importante bromear. Todos los que me conocen saben que me gusta bromear y divertirme; esa es la clave de la vida cotidiana. Pero también hay que entrenar bien, concentrarse y trabajar. Hay que bromear y disfrutar el momento”, reconoció el propio Haaland.
La frase resume perfectamente al personaje. Haaland puede reírse, posar con los fanáticos, abrazar a sus compañeros y alimentar sus redes sociales con ocurrencias, pero al momento de trabajar no negocia ningún detalle. Su cercanía no se contrapone con su profesionalismo, sino que parece ayudarlo a soportar la presión de ser una de las figuras más importantes del fútbol mundial.
Incluso ha mostrado una vulnerabilidad poco frecuente entre jugadores de su dimensión. Cuando Jordet preparaba un libro sobre la presión en los lanzamientos penales, Haaland inicialmente no quiso participar. Meses después, sin embargo, pidió responder una pregunta porque deseaba que la gente conociera una realidad que suele ocultarse detrás de la confianza de los grandes goleadores.
“Cuando voy a lanzar un penal estoy tremendamente nervioso. Sería extraño que existieran jugadores que no estuvieran nerviosos”, confesó. Una admisión simple, pero poderosa viniendo de un delantero que durante años fue presentado como una máquina sin emociones.
Haaland tampoco se comporta como una figura aislada dentro de Noruega. Sus compañeros aseguran que participa activamente en la convivencia, mantiene una relación especialmente cercana con Martin Odegaard y se muestra disponible para los jugadores más jóvenes. La selección noruega ha construido una cultura en la que los egos individuales no deben imponerse por encima del grupo, y su futbolista más importante representa esa filosofía.
“Es increíble dentro de la cancha, pero también fuera de ella. Los jugadores jóvenes lo admiran. Todos aprendemos cosas de los demás, pero Erling tiene sus propios métodos y es inspirador observar lo que hace”, destacó su compañero Kristian Thorstvedt.
La explosión de popularidad durante el Mundial también se refleja en sus plataformas digitales. Haaland sumó cerca de 18 millones de seguidores en Instagram durante el último mes y cinco millones llegaron solamente durante las 24 horas posteriores a su doblete contra Brasil. Su canal de YouTube, en tanto, incorporó casi 900 mil suscriptores durante el torneo.
Los goles abrieron la puerta, pero su personalidad hizo el resto. Haaland dejó de ser únicamente el delantero gigantesco que define partidos y comenzó a mostrarse como un futbolista capaz de reírse de sí mismo, reconocer sus miedos, celebrar los éxitos ajenos y compartir con los hinchas sin una barrera permanente alrededor.
En tiempos donde muchas estrellas protegen cada gesto y cada palabra, el noruego se permite ser extraño, divertido y genuino. Puede ser una bestia competitiva durante 90 minutos y, apenas termina el partido, volver a transformarse en el compañero que abraza, bromea y toma el tambor de los fanáticos.
Erling Haaland está cautivando al mundo por sus goles, pero también porque detrás del goleador implacable aparece algo mucho más sencillo: un tipo buena onda, extremadamente profesional y que parece disfrutar cada segundo de la extraordinaria historia que está construyendo.