El estreno de Everton en la temporada 2026 dejó una señal que no puede ser ignorada. El equipo de Javier Torrente cayó 5-3 ante Independiente en Uruguay, en un amistoso que, más allá de su carácter preparatorio, volvió a exhibir fragilidades defensivas y una falta de estructura que ya se venía repitiendo desde el cierre del año pasado.
Para el equipo dirigido por Gustavo Quinteros marcaron Lautaro Millán y Luciano Cabral, dos nombres que aparecen en el radar de la selección chilena, además de otros tantos que terminaron por inclinar un partido que nunca fue controlado por los ruleteros. Los goles de Everton fueron convertidos por Alan Medina (18’), Julián Alfaro (41’) y Martín Guzmán (81’, de penal).
El contexto es lo que vuelve preocupante esta derrota. El ciclo de Javier Torrente no comenzó en 2026, sino en noviembre de 2025, cuando debutó oficialmente ante Unión Española. Desde ese momento, los números son elocuentes: en siete partidos dirigidos, el entrenador argentino registra una victoria, un empate y cinco derrotas, con 5 goles a favor y 12 en contra. Es decir, apenas 4 puntos de 18 posibles, lo que se traduce en un rendimiento del 22,2%.
La única victoria fue ante Cobresal, mientras que los tropiezos se acumularon frente a Universidad de Chile, Audax Italiano, Deportes Iquique, O’Higgins e Independiente, además del empate sin goles ante Unión Española. Un arranque que no solo no logró cambiar la tendencia del equipo, sino que la profundizó.
Todo esto ocurre en un club que viene de salvarse del descenso en 2025 por apenas dos puntos, en una definición dramática que terminó con Iquique y Unión Española perdiendo la categoría. Everton sobrevivió, pero no se reconstruyó con la contundencia que ese escenario exigía.
El mercado de pases, hasta ahora, tampoco transmite un golpe de timón. Los refuerzos confirmados son Vicente Fernández y Cristopher Barrera, ambos desde Cobresal, y Esteban Kirkman desde Deportes Recoleta. Incorporaciones medidas para un club que, no hace mucho, ostentaba la cuarta plantilla más cara del fútbol chileno.
El contraste es fuerte: de ser un proyecto con aspiraciones de protagonismo, Everton pasó a moverse con cautela extrema, casi en modo supervivencia. Y ese cambio de estatus se empieza a reflejar en la cancha.