La historia del regreso de Arturo Vidal en Colo Colo tuvo dos capítulos claramente diferenciados. El primero, en 2024, cerró con título y un retorno exitoso que revitalizó al club tras años complejos. El segundo, en 2025, terminó convirtiéndose en el más negativo de su carrera en el fútbol chileno. En plena temporada del Centenario, Vidal pasó de referente deportivo a protagonista de un año sin clasificación internacional, con conflictos internos, expulsiones decisivas y un cierre cargado de autocrítica y reproches públicos. "Vamos por la segunda Libertadores", dijo en enero, algo que quedó enterrado en un fracaso rotundo.
Tras un 2024 coronado con campeonato, el inicio de 2025 estuvo lejos de consolidar la continuidad esperada. La pretemporada comenzó tensionada por diferencias internas entre referentes del plantel y la dirigencia, situación que afectó la preparación del equipo en un año de máxima exigencia institucional. A eso se sumaron tempranas lesiones musculares —sóleo e isquiotibial— que limitaron la regularidad de Vidal y marcaron su temporada desde lo físico.
En términos deportivos, su rol fue cada vez más intermitente. Utilizado principalmente como volante central e interior, Vidal no logró sostener continuidad ni liderazgo en cancha. Su participación fue disminuyendo con el correr de los meses hasta perder la titularidad bajo la conducción de Fernando Ortiz, reflejo de un equipo que nunca encontró estabilidad futbolística. En total jugó apenas 27 partidos, registrando menos del 55% posible de minutos en cancha.
La expulsiones también lo marcaron. En abril, Vidal fue echado en Copa Libertadores ante Racing, en Avellaneda, tras gestos a la hinchada local. El episodio más grave llegó en junio por el torneo local, nuevamente frente a Audax Italiano, cuando vio tarjeta roja directa tras increpar al árbitro Fernando Véjar, hecho consignado en el informe arbitral y que derivó en dos fechas de suspensión. La sanción lo dejó fuera de los clásicos ante Universidad Católica y Universidad de Chile, ausencias que fueron consideradas decisivas en el desarrollo del campeonato.
A estos hechos se sumó un permanente ruido extradeportivo que acompañó el mal rendimiento colectivo. Proyectos personales y exposiciones mediáticas coincidieron con derrotas del equipo y alimentaron la crítica de hinchas y exjugadores, que cuestionaron su capacidad para concentrar el foco exclusivamente en lo deportivo en el año más simbólico del club. Hamburguesas, pelotas de fútbol, línea de ropa e, increíblemente, rostro de una casa de apuestas. La imagen del referente pasó, progresivamente, de solución a problema dentro de un plantel sin respuestas.
El punto de quiebre definitivo se produjo el 7 de diciembre de 2025, cuando Colo Colo perdió 1-2 ante Audax Italiano en la última fecha del Campeonato Nacional. El resultado dejó al club en el octavo lugar y fuera de toda competencia internacional en 2026. Tras el partido, Vidal fue categórico en su diagnóstico: “Es una vergüenza. Llevo 20 años en el fútbol y este es uno de los peores”, declaró, reflejando la dimensión del fracaso.
En ese mismo análisis, el mediocampista asumió una cuota de responsabilidad, pero también evidenció el quiebre interno: “No estuve a la altura, pero mucha gente trató de tirar el carro para atrás y así nos fue. A mí me echan la culpa de todo”. Sus palabras expusieron la descomposición del camarín y dejaron en evidencia que el liderazgo de Vidal ya no era un factor de cohesión.
Así, el 2025 quedó marcado como el año más complejo de Arturo Vidal desde su retorno a Colo Colo. Campeón en 2024 y símbolo de esperanza para el Centenario, terminó siendo el rostro visible de una temporada fallida, atravesada por lesiones, sanciones, conflictos internos y una autocrítica pública que resumió el sentir general. “No estoy a la altura”, admitió al cierre del torneo, una frase que sintetizó un ciclo que pasó de la ilusión al desencanto en solo doce meses.