Lo que se suponía que sería un refuerzo determinante para el retorno de Unión Española a la Primera División se ha transformado, apenas unas semanas después de su presentación, en un espectáculo de confusión, tensiones internas y ausencias inexplicables. La historia de Emiliano Vecchio con los hispanos no solo no ha aportado claridad al proyecto deportivo, sino que ha dejado al descubierto una crisis de liderazgo y prioridades en la conducción del club.
A menos de un mes de iniciado el trabajo de pretemporada, Vecchio no se presentó a entrenar en cinco oportunidades y su participación en el plantel quedó en duda tras haber faltado también el sábado al partido amistoso de preparación ante San Luis en Quillota. El director técnico hispano Gonzalo Villagra fue categórico: “Vecchio no está en condiciones de ser citado”, mientras la dirigencia valora incluso la rescisión de su contrato ante la falta de certezas deportivas y actitudinales.
El conflicto se ha viralizado no solo por lo que ocurre en la cancha, sino por las fuertes críticas públicas desde el entorno del propio futbolista. Su pareja, Virginia Tissera, acusó en As que Unión Española no cumplió compromisos básicos comprometidos en su llegada, mencionando fallas en aspectos logísticos, económicos y de trato personal que, según ella, generaron una de las peores experiencias de su vida."Hay un abandono al jugador", sentenció
Este episodio se suma a un patrimonio de desencuentros entre Vecchio y Unión Española que ya viene de atrás. En 2024, su anterior paso por el club terminó de manera abrupta y cargada de polémica, cuando la dirigencia confirmó su salida al finalizar la temporada tras diversas fricciones internas. El cierre de ese ciclo incluyó tensiones mediáticas y administrativos sobre compromisos de arriendo y el manejo de su contrato que, incluso entonces, pusieron en evidencia la falta de claridad y profesionalismo en la gestión del club.
Entre medio de esos dos capítulos en Chile, Vecchio protagonizó una temporada 2025 en la Primera Nacional argentina con Defensores de Belgrano que lejos estuvo de consolidar su figura como líder para proyectos exigentes. En 21 partidos jugados sumó 936 minutos totales, con apenas 1 gol y 0 asistencias, aportando muy poco en términos estadísticos para un mediocampista ofensivo que se presenta como refuerzo estrella. La mayor parte de ese tiempo —855 minutos en liga (menos de 45 minutos por partido)— tampoco logra revertir la percepción de un rendimiento discreto, que no responde a las expectativas creadas.
La conjunción de estos elementos —dos etapas problemáticas en el mismo club, una temporada discreta en Argentina y un conflicto abierto apenas arrancada la pretemporada 2026— dibuja un panorama preocupante para Unión Española. En lugar de articular un proyecto coherente, el club exhibe titubeos en su conducción deportiva, comandada por Sabino Aguad, con errores en la planificación de refuerzos e incapacidad para manejar conflictos internos sin que escalen a lo público.
Para una institución que pelea por volver a la élite del fútbol chileno, estos capítulos no son simples anécdotas: son síntomas de una crisis de gestión que empieza en el escritorio y termina impactando en el campo de juego. Cuando un fichaje estrella no solo no rinde, sino que se convierte en fuente de distracción y tensión, la pregunta que queda sobre la mesa es incómoda pero necesaria: ¿qué está priorizando realmente Unión Española?