La historia de Esteban Pavez en Colo Colo entra en su capítulo final. A comienzos de 2026, el volante central tiene prácticamente acordada su salida al Alianza Lima de Perú, operación impulsada directamente por Pablo Guede, técnico que lo conoce de su etapa anterior en Macul y que solicitó su incorporación para liderar el mediocampo íntimo en la fase preliminar de la Copa Libertadores. El acuerdo contempla dos temporadas, exámenes médicos en Lima y una compensación económica que le permitirá a Blanco y Negro liberar uno de los salarios más altos del plantel.
Así se cierra, de manera discreta, la etapa del capitán albo en el club que lo formó. Un desenlace impensado hace apenas dos años, cuando Pavez regresó en 2022 como referente para encabezar un nuevo proyecto deportivo. Lo que debía ser la coronación de su carrera en el centenario del Cacique terminó transformándose en un proceso de desgaste progresivo que lo dejó marginado del equipo y fracturado emocionalmente con la hinchada.
El 2025 fue un punto de quiebre. Colo Colo fracasó en todos sus objetivos deportivos y el capitán quedó expuesto como rostro visible del derrumbe colectivo. Pavez disputó 33 partidos oficiales, acumuló 2.049 minutos en cancha, pero cerró la temporada lejos de ser un pieza clave en el armado del equipo. Su presencia se sostuvo más por jerarquía que por impacto real, mientras el equipo mostraba una alarmante falta de intensidad y profundidad ofensiva. Las críticias apuntaron siempre hacia él.
La llegada de Fernando Ortiz terminó de sellar su destino. El nuevo entrenador reestructuró el mediocampo priorizando dinámica y presión alta, relegando a Pavez a un rol secundario. Arturo Vidal pasó a ocupar la posición de volante central, con Tomás Alarcón y Víctor Felipe Méndez como alternativas, mientras el capitán comenzó a quedar fuera de convocatorias incluso ante rivales de menor jerarquía. De inamovible con Jorge Almirón, pasó a suplente o directamente descartado. "Uno se calienta, porque entreno de buena forma", llegó a decir.
El propio futbolista expresó públicamente su molestia por la pérdida de protagonismo, pero el “Tano” Ortiz fue categórico: quien no se ajustara al nuevo modelo, no jugaría. Desde ese momento, la salida de Pavez empezó a verse como inevitable.
Sin embargo, el quiebre más profundo no fue táctico, sino simbólico. En noviembre de 2025, Pavez declaró que Universidad Católica era “la mejor institución del país”, una frase que detonó la furia del hincha colocolino. Para la Garra Blanca y buena parte del Monumental, que su capitán relativizara la grandeza del club en pleno año del centenario fue una afrenta imperdonable. Desde entonces, el respaldo se transformó en indiferencia y abucheos, y el vínculo quedó irremediablemente roto.
A ese episodio se sumaron conflictos internos con Blanco y Negro. Como capitán, Pavez lideró las negociaciones del plantel por premios, viáticos y condiciones laborales, protagonizando tensiones que incluyeron la suspensión de actividades con patrocinadores y reclamos públicos en medio de una gestión marcada por la austeridad tras quedar fuera de torneos internacionales. Su rol de vocero del camarín terminó incomodando a la dirigencia, que vio en su salida una forma de reducir costos y descomprimir un foco permanente de conflicto.
Incluso gestos de liderazgo humano, como su reacción tras la muerte de dos hinchas en las afueras del Monumental durante un partido de Copa Libertadores, quedaron opacados por la acumulación de polémicas. Lo mismo ocurrió con la campaña “No se peleen”, que protagonizó junto a Marcelo Díaz, y que meses después contrastó con su expulsión en el Superclásico tras un enfrentamiento colectivo.
Así, el capitán del centenario pasó de referente a símbolo del desgaste institucional. La prensa lo instaló como uno de los “villanos” de un año histórico que terminó en fracaso, mientras otros apuntaron al contexto: un club dividido, un plantel mal armado y una dirigencia incapaz de sostener un proyecto deportivo coherente.
En ese escenario apareció Alianza Lima. Pablo Guede pidió expresamente a Pavez para aportar liderazgo en un vestuario golpeado y afrontar el desafío internacional. Para el jugador, a sus 35 años, Perú representa la última oportunidad de reivindicación competitiva. Para Colo Colo, su salida deja vacante la jineta y obliga a reconstruir liderazgos tras un centenario amargo.
El legado de Esteban Pavez quedará marcado por la dualidad. Fue campeón, acumuló más de 340 partidos con la camiseta alba y se formó en casa. Pero también fue el capitán que perdió el respaldo popular en el momento más simbólico del club. Profesional puertas adentro, errático en sus mensajes hacia la galería, terminó pagando el precio de una temporada sin respuestas deportivas ni contención institucional.
Lima será su nuevo escenario. El Monumental, su antiguo hogar, quedó atrás convertido en tribunal. Colo Colo, en tanto, inicia 2026 con la tarea pendiente de sanar heridas y redefinir su identidad tras el ocaso de un capitán que nunca logró reconciliar del todo a la camiseta con la tribuna.