Javier Correa atraviesa su momento más complejo desde que llegó a Colo Colo. El delantero sufrió un desgarro en el isquiotibial izquierdo, una lesión que lo margina por varias semanas y que llega justo cuando ya había perdido terreno en la consideración del equipo. No es solo una baja médica: es la confirmación de un retroceso futbolístico evidente.
Porque antes de la lesión, Correa ya había salido del equipo titular. Maximiliano Romero se quedó con el puesto en ofensiva, aprovechando sus oportunidades en un Colo Colo que comenzó a encontrar funcionamiento, solidez y resultados. En ese escenario, el argentino dejó de ser solución y pasó a ser alternativa, con minutos cada vez más reducidos.
Los números reflejan ese declive. En los últimos cinco partidos, Correa alternó titularidad con ingresos desde la banca, sin lograr continuidad ni impacto real. Jugó apenas 13 minutos ante Huachipato y Audax Italiano, fue titular en el clásico ante Universidad de Chile, sumó 24 minutos frente a Unión La Calera y tuvo su único gol ante Everton en los minutos finales y con el partido prácticamente sentenciado. Un rendimiento irregular, lejos de lo esperado para un delantero de su cartel.
El contraste es fuerte. Mientras Colo Colo encadena triunfos, mejora defensivamente —con apenas un gol recibido en los últimos cinco partidos— y consolida una idea de juego, Correa queda al margen. Su ausencia hoy no altera el funcionamiento, y eso es quizás el dato más duro. Lesión, suplencia y bajo rendimiento. Todo junto, en el peor momento posible. El ciclo de Javier Correa en Colo Colo empieza a apagarse sin haber logrado encenderse del todo.