El 8 de febrero, el presidente de Colo‑Colo, Aníbal Mosa, anunció que el Estadio Monumental se remodelaría con una inversión de entre US 100 y 120 millones y adelantó que la maqueta oficial se presentaría el 19 de abril, apuntando a una construcción con capacidad para más de 60.000 personas y con objetivos de albergar finales continentales.
Pero lejos de estar a tiempo, según lo dicho por el propio Mosa luego del directorio de este miércoles , más de ocho meses después apenas se informa que se ha creado una comisión para liderar el proyecto, que “se está en definición” de empresas de financiamiento, y que “entre 100 y 120 millones” es la cifra objetivo, sin aún un cronograma, inicio de obra ni certificación firme.
Este desfase entre la promesa y la ejecución plantea dos preguntas clave: ¿por qué el retraso y qué garantías tienen los hinchas y la institución de que el proyecto se haga en los plazos anunciados?
Primero, porque la declaración de febrero asumía una velocidad que no se ve reflejada: una maqueta en abril, trabajos durante 2025 y ejecución en plazo razonable, quedando en cambio sólo en “plan de negocio” y “consultoras”.
Segundo, porque en el fondo ese tipo de inversiones requieren fuente de financiamiento, permisos municipales, licencias, adjudicaciones y cronograma claro —y a la fecha ninguno de esos hitos aparece como cumplido o comunicado públicamente. El panorama es oscuro sin que aún se trabaje en siquiera una piedra del nuevo recinto.
En síntesis: la ilusión del Monumental moderno, comercializado, funcional para grandes finales y con ingresos adicionales para el 2028 tendrá que esperar. Un sueño que choca con una realidad burocrática, difusa y poco transparente. Los plazos están vencidos, los hitos apenas informados y las promesas pierden brillo. Y mientras tanto, los hinchas siguen en la tribuna… aguardando un verdadero punto de partida.