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Fernando Ortiz llega al Monumental con un libreto ofensivo, una ética de trabajo respetada y un talón de Aquiles que lo persigue: la falta de títulos. Colo Colo apuesta a que en Chile el argentino pueda romper el hechizo.

Un técnico brillante con un vacío en el palmarés
Fernando Damián Ortiz, “El Tano”, aterriza en Macul con un cartel que divide: estratega ofensivo, trabajador incansable, formador de jóvenes… pero con un historial sin copas levantadas desde el banquillo. El argentino de 47 años, forjado como defensa central en Boca Juniors y Santos Laguna, construyó prestigio en México, especialmente en el América y Monterrey, donde sus equipos arrasaban en la fase regular, pero se caían en semifinales.
Del campeón en la cancha al enigma en la banca
Ortiz sabe lo que es dar la vuelta olímpica: lo hizo con Estudiantes de La Plata, Vélez y Santos Laguna. Como técnico, en cambio, los momentos clave han sido su piedra en el zapato. Sus números en América son potentes (2 puntos por partido), pero los fantasmas de las liguillas lo persiguen. En Monterrey fue cesado tras perder la confianza del plantel, y en Santos Laguna el derrumbe fue brutal: 14 derrotas en 17 partidos.

Filosofía ofensiva y apuesta juvenil
El libreto del “Tano” es claro: presión alta, verticalidad, juego de tercer hombre y protagonismo en cualquier cancha. Su esquema preferido es el 4-2-3-1, siempre con la idea de atacar. Pero esa vocación deja grietas atrás: equipos vulnerables al contragolpe y sin equilibrio en mediocampo. Lo que sí suma puntos es su obsesión por la cantera: ve a los juveniles como “materia prima” y trabaja con ellos a diario. Esa mirada fue clave para que Blanco y Negro lo eligiera.
El reto Monumental
Colo Colo está urgido de resultados tras la salida de Jorge Almirón. Ortiz sabe que su historial sin trofeos es la duda central. En su presentación se mostró frontal: admitió la carencia y la convirtió en motivación. Incluso se permitió soñar con ganar la Supercopa ante la U “en 10 días”. El respaldo del ídolo Iván Zamorano y la confianza de Aníbal Mosa le abren la puerta, pero la pregunta flota en el ambiente: ¿puede un técnico acostumbrado a brillar en la previa, por fin, dar el golpe final en Chile?
Un enigma con destino albo
El “Tano” llega al Cacique en el momento más exigente de su carrera. Tiene prestigio, método y un discurso humano que conecta. Lo que no tiene es una copa que lo respalde. Su paso por Colo Colo será algo más que un desafío profesional: es la oportunidad de reescribir su historia.
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