Aunque Chile continúa en competencia en el Mundial Sub 20, desde el área formativa advierten que las falencias físicas y de hábitos siguen marcando una diferencia con las potencias juveniles. Un especialista del fútbol joven de Palestino explica que el problema es estructural y requiere un cambio profundo en la formación.

El rendimiento de la selección chilena en el Mundial Sub 20 ha reabierto un viejo debate: la preparación física del futbolista nacional. Pese a que la Roja sigue en carrera, su desempeño ha dejado dudas sobre la intensidad y resistencia de los jugadores. Pablo Polanco, coordinador del área física del fútbo joven de Palestino, plantea que el tema va más allá de los resultados inmediatos. “No ha pasado por un aspecto físico. El último partido es un gol de pelota parada, donde se escapa un poco la marca con la mala suerte. Yo creo que la intensidad de juego tiene un bajón más por un aspecto psicológico”, comentó, subrayando que el desgaste también está vinculado a factores mentales y estructurales.
El especialista explicó que en Chile el trabajo físico comienza demasiado tarde, lo que genera una brecha con otras naciones. “En el fútbol chileno joven hay que mejorar el aspecto físico antes, más temprano. En el fútbol se empieza a los 13 o 14 años y en otros deportes se nota mucho la enseñanza más temprana. En Argentina se empieza mucho antes”, aseguró. En Palestino, afirmó, han intentado cambiar esa realidad: “A los 13 años empezamos con el gimnasio, pero en Argentina ya se ve un avance dentro de una estructura metodológica”.
El biotipo del jugador chileno, dijo, también impone un desafío. “El fútbol chileno tiene un perfil de un jugador de altura media, casi baja, y ante eso hay que hacerlo lo más fuerte posible, cosa que si te toca ir a un duelo puedas competir contra un jugador más corpulento”, señaló, destacando que “el jugador chileno es de muy buen pie” y que el objetivo debe ser potenciarlo físicamente sin afectar su técnica.
Polanco advirtió, además, sobre un problema de fondo: los hábitos. “En el fútbol es más notorio. No se come bien, no se descansa bien. Tiene que haber un aprendizaje de hábitos para marcar la diferencia”, lamentó. Aun así, valoró el trabajo que se está realizando en la selección juvenil: “Han sido humildes para que nosotros podamos aportar como clubes. Están por el camino correcto”. Su diagnóstico deja una reflexión clara: el talento está, pero sin una base física y cultural sólida, competir al máximo nivel seguirá siendo una tarea cuesta arriba.