El Mundial 2026 no solo pasará a la historia por ser el primero con 48 selecciones y 104 partidos. También podría marcar un antes y un después en la forma de comercializar el fútbol. Las pausas de hidratación, instauradas de manera obligatoria para enfrentar las altas temperaturas de Estados Unidos, México y Canadá, terminaron generando un efecto inesperado: crear espacios publicitarios en medio del juego, algo que durante más de un siglo prácticamente no existió en este deporte.
La justificación deportiva y médica resulta difícil de cuestionar. Con encuentros disputados bajo condiciones climáticas extremas, la FIFA defendió la necesidad de detener los partidos durante unos minutos para permitir que los futbolistas se hidrataran y redujeran el riesgo de golpes de calor. Sin embargo, muy pronto quedó en evidencia que el gran beneficiado no era únicamente el espectáculo dentro de la cancha.
El seleccionador francés Didier Deschamps fue uno de los primeros en advertir el cambio. "Cortan todo, pero la industria está contenta, hay más anuncios. Ahora jugaremos cuatro cuartos", afirmó durante el torneo, reflejando el temor de quienes creen que el fútbol comienza a adoptar características propias de los grandes deportes estadounidenses.
Y las cifras respaldan esa sensación. Según datos recopilados por Forbes a partir de mediciones de iSpot, este Mundial multiplicó la presencia del fútbol dentro del inventario publicitario de la televisión en directo en Estados Unidos. Si Qatar 2022 representó apenas un 2,77% de ese mercado, la edición de 2026 ya alcanza cerca del 13%, impulsada por el aumento de partidos y por las nuevas ventanas comerciales que ofrecen las pausas de hidratación.
El negocio mueve cifras millonarias. En Francia, un anuncio de apenas 20 segundos durante una de estas interrupciones llegó a venderse por unos 425.000 euros, mientras que en Estados Unidos los avisos de 30 segundos durante los partidos se comercializan entre 200.000 y 750.000 dólares. Sumando los 624 minutos de pausas distribuidos a lo largo de los 104 encuentros, las estimaciones apuntan a que esos espacios podrían generar más de 500 millones de dólares en ingresos publicitarios.
El impacto también se refleja en el valor de los derechos televisivos. La FIFA ingresó alrededor de 3.925 millones de dólares por este concepto durante el Mundial 2026, un 36% más que en Qatar 2022. De cara a los torneos de 2030 y 2034, las proyecciones indican que solo el mercado estadounidense podría pagar entre 1.000 y 2.000 millones de dólares, impulsado por un producto que ahora ofrece muchas más oportunidades de monetización.
Ese cambio ha despertado el interés de empresas que históricamente no competían por transmitir fútbol. Plataformas como Netflix, Apple, Amazon, YouTube o Disney observan ahora un producto mucho más atractivo desde el punto de vista comercial, precisamente porque las pausas permiten incorporar publicidad sin esperar el entretiempo o el final del partido.
La experiencia, eso sí, no ha sido igual en todas las cadenas. Mientras Fox aprovechó cada interrupción para emitir comerciales, Telemundo optó por mantener la transmisión del encuentro, privilegiando la experiencia del espectador. En Europa también hubo diferencias: algunas cadenas utilizaron las pausas para vender publicidad, mientras otras decidieron respetar la continuidad del juego por razones regulatorias o culturales.
Más allá del debate sobre si las interrupciones afectan el ritmo de los partidos, el Mundial 2026 dejó una conclusión difícil de ignorar. Lo que nació como una medida sanitaria terminó convirtiéndose en una poderosa herramienta comercial y abrió una nueva fuente de ingresos para la FIFA, las televisiones y los patrocinadores. Una vez descubierto ese negocio, parece difícil imaginar que las pausas de hidratación desaparezcan en los próximos grandes torneos.