Era el partido de la fecha y simplemente no decepcionó. En un Stamford Bridge a tope, Chelsea golpeó primero gracias al ecuatoriano Moisés Caicedo, que en el minuto 14 conectó un derechazo inatajable desde la media luna del área. Sin embargo, el Liverpool —en un tramo de dominio y presión alta— igualó las cifras en el complemento a través de Cody Gakpo, tras una combinación rápida con Alexander Isak. Cuando el partido parecía condenado al empate, apareció el brasileño Estêvão en el quinto minuto de descuento para marcar el 2-1 con un toque sutil que desató la locura en Stamford Bridge. La celebración fue tan desbordante que incluso el técnico Enzo Maresca terminó expulsado por ingresar al campo para abrazar a sus jugadores.
El resultado golpea duramente al Liverpool, que sumó su tercera derrota consecutiva y ve cómo se le escapa el liderato que había defendido durante buena parte del torneo. Para Chelsea, en cambio, la victoria representa un punto de inflexión tras semanas de irregularidad, reafirmando el proyecto de Maresca y la irrupción del joven Estêvão como figura emergente en la Premier.
En paralelo, el Arsenal aprovechó el tropiezo de los “reds” y superó al West Ham por 2-0 en el Emirates Stadium. Los goles de Declan Rice y Bukayo Saka —este último desde el punto penal— sellaron una victoria sólida para el conjunto de Mikel Arteta, que celebró su partido número 300 al mando de los “Gunners”. Más allá del buen resultado, el técnico español no ocultó su satisfacción por el liderazgo alcanzado: “Dominamos y merecimos ganar. El equipo sigue creciendo en madurez”, señaló tras el encuentro.
El Arsenal no solo subió a la cima de la tabla, sino que también envió una señal clara al resto de los candidatos. La Premier entra en su tramo más exigente y cada punto empieza a valer como oro. Chelsea renace, Liverpool duda y el Arsenal sonríe desde lo más alto. El pulso por el título, una vez más, promete no dar respiro hasta el final.