El regreso de Neymar a Santos prometía ser un capítulo simbólico, cargado de nostalgia y liderazgo para un club que pelea por sobrevivir en el Brasileirao. Pero la derrota 3-2 ante Flamengo terminó mostrando exactamente lo contrario. El crack volvió a quedar expuesto por su bajo rendimiento y protagonizó un episodio que encendió todas las alarmas: tras ser sustituido por Juan Pablo Vojvoda, increpó al técnico, lanzó una frase desafiante —“¿Me vas a sacar a mí?”— y se marchó directo al vestuario, sin mirar al banco y sin intención de bajar la tensión. La escena dio la vuelta a Brasil en minutos.
La actitud del delantero cayó pésimo en la interna del club. En un partido clave, donde Santos necesitaba puntos para escapar del descenso, el referente del plantel volvió a quedar lejos de su mejor versión. Neymar, que ha jugado poco durante la temporada por problemas físicos y una larga recuperación, no ha logrado aportar el peso competitivo que todos esperaban. Su influencia ha sido intermitente y su estado físico sigue siendo tema recurrente en la prensa local. El golpe más duro: el equipo reaccionó y marcó dos goles después de su salida, un detalle que alimentó el debate sobre su verdadero impacto en la cancha.
El bochorno no terminó con Vojvoda. Neymar también disparó contra el árbitro Sávio Pereira Sampaio, acusándolo de arrogante y de haberlo amenazado con tarjeta amarilla por reclamar un córner previo a un gol. La escena consolidó la imagen de frustración total del atacante, quien nuevamente quedó en el centro de la polémica más por su temperamento que por su talento. En un Santos hundido en la tabla y con la sombra del descenso cada vez más cerca, la figura del ídolo aparece desdibujada y cuestionada.
Hoy, el club vive una de sus semanas más críticas del año. La paciencia se agota, el rendimiento colectivo no despega y Neymar, llamado a ser la luz entre tanta oscuridad, apenas consigue encender chispazos que se apagan con facilidad. Su reacción ante Flamengo fue, para muchos, el símbolo perfecto del desorden deportivo y emocional que afecta al equipo. En lugar de liderar, terminó protagonizando un capítulo que agrava la tensión en un vestuario frágil y en un club que necesita respuestas urgentes. El Santos lucha por no caer, y Neymar lucha por justificar que su regreso aún puede tener sentido.