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Las gestiones las llevó a cabo el propio entrenador hispano, el mismo contactó al delantero uruguayo y lo convenció de integrarse en el segundo semestre. Piñeiro aceptó las condiciones, incluso con una remuneración acorde al momento que viven los de Santa Laura.
De hecho, de las tres ventanas de refuerzos que Unión tenía para esta última parte del año, sólo estaba aprobado por parte del cuerpo técnico la llegada del “Loly”, situación que incluso habría generado diferencias con el gerente, Sabino Aguad, que además, en plena temporada de refuerzos fue enviado de vacaciones con un plazo no definido.
Todo iba bien encaminado, solo restaba solucionar uno temas menores con Vélez Sarsfield dueño del pase, hasta que la dirigencia y el propio Jorge Segovia, que al parecer no olvidó que a principio de año Piñeiro no llegó al club y además realizó declaraciones posteriores que cayeron mal, lo llevó a poner una serie de cláusulas y condiciones ante una eventual venta del jugador.
Esto habría generado la molestia del atacante que ya había hecho a su juicio muchos “ajustes” para su llegada al club, dejando de percibir otros beneficios. Al final el tema quedó entrampado al punto de quedar congelado y para muchos con una llegada que una vez más ya pasó al olvido.