nsiva. Ingresaron Cédric Bakambu, Edo Kayembe y Elia Meschack, una señal clara de que el conjunto africano también utilizaba el encuentro para repartir minutos y probar variantes pensando en el Mundial 2026. Y fue precisamente en ese contexto cuando apareció el talento individual para rescatar a Chile.
A los 51 minutos, Darío Osorio tomó el balón fuera del área y sacó un remate espectacular al ángulo superior izquierdo para romper un partido que parecía condenado al empate sin goles. Fue una acción individual de enorme categoría que cambió completamente el panorama.
La Roja encontró espacios después del gol, pero siguió lejos de mostrar un funcionamiento colectivo convincente. Para peor, Osorio debió abandonar la cancha tras recibir un fuerte golpe, encendiendo las alarmas respecto de su estado físico.
Cuando el encuentro parecía resuelto, Congo encontró el descuento a través de Joris Kayembe y volvió a poner incertidumbre en el marcador. Sin embargo, apenas unos minutos después, Matías Sepúlveda clavó un tiro libre extraordinario en el ángulo para establecer el definitivo 2-1.
Dos remates imposibles para el arquero rival. Dos golazos. Dos momentos de inspiración que terminaron explicando una victoria que, futbolísticamente, deja más preguntas que respuestas.
Porque si ante Portugal Chile fue ampliamente superado por un rival que jugó a media máquina, frente a Congo tampoco consiguió construir una actuación sólida. El triunfo sirve para maquillar el cierre de la gira, pero resulta difícil extraer conclusiones demasiado optimistas de un partido que tuvo mucho de pichanga amistosa y poco de examen competitivo.
La Roja se despide de Europa con una derrota y una victoria. El resultado final puede parecer equilibrado. El juego, en cambio, sigue mostrando que la reconstrucción del equipo está lejos de ofrecer garantías.