Ni mecanización, ni sistema, ni conceptos... Chile ganó a Nueva Zelandia en el debut del Mundial Sub 20 por dos picardías.

Ha sido largo el proceso de Nicolás Córdova en Juan Pinto Durán. Casi dos años desde que llegó en reemplazo de la timba manejada por Francis Cagigao. Y no sólo eso, quien fuera un elegante volante ofensivo, ha estado en casi todas: adulta, sub 23, sub 20, gerencia técnica. Es decir, tiene el rodaje suficiente para que esta noche Chile mostrara algo sólido en el Estadio Nacional. No "todo", pero sí "algo". Pero no. Frente a un cuadro de biotipo superior al nuestro, para Córdova eso debe ser "factor", la selección chilena juvenil mostró entusiasmo y unos cuantos jugadores, no tantos, destacados.
Digo, tantas horas, giras, videos, amistosos, estadísticas, entrenamientos para ganar por dos vivezas de los jugadores nacionales, a la vez, consecuencias de dos horrores defensivos neocelandeses. Sin esos regalos el comentario del partido sería muy sombrío.
Se podrá argumentar, siempre hay verso para todo, que el primer gol es producto de la "presión de Arce" y no de la burrada del central que intenta un pase absurdo saliendo del área. Es decir, en la máquina de humo, la apertura de la cuenta de Lautaro Millán es el resultado del "trabajo de pressing que provoca el error rival" y no de las patas cuadradas de un jugador neocelandés. Lo mismo para el segundo, mejor que apuntar a las débiles manos de Henry Gray y el despelote que se le armó con un compañero, situación que fue aprovechada por Ian Garguez para meter un puntazo agónico, es hablar del "desdoblamiento" y la "polifuncionalidad" del zaguero de Palestino.
Chile ganó y es una buena noticia. Pero la pelota no siempre va a rebotar hacia los de camiseta roja. Además, si tu arquero fue figura contra Nueva Zelandia, hay algo que no está funcionando.