Rodrigo De Paul instaló una de las declaraciones más discutidas de los últimos días al asegurar que “es más difícil ganar la MLS que la Champions League”. El campeón del mundo intentó justificar su postura señalando que en la liga estadounidense “es todo muy parejo” y que “en cualquier cancha te pueden ganar”.
La frase, sin embargo, abre más cuestionamientos que certezas. Porque si bien la MLS presenta un formato competitivo particular, con playoffs y restricciones salariales, equipararla con la Champions League —el torneo más exigente del fútbol mundial— resulta, como mínimo, desproporcionado.
De hecho, el propio argumento de De Paul se vuelve en su contra. Cuando sostiene que “cualquiera le gana a cualquiera”, no describe un nivel superior, sino todo lo contrario: una competencia donde las diferencias de jerarquía se diluyen. En la Champions, en cambio, la exigencia es brutal desde la fase de grupos hasta la final, enfrentando a los mejores planteles del planeta en contextos de máxima presión.
Además, el formato también marca una diferencia clave. Mientras la MLS permite que equipos irregulares se metan en la pelea a través de los playoffs, la Champions no ofrece ese margen: la regularidad y el rendimiento de élite son condiciones innegociables para avanzar.
No es menor, tampoco, el contexto de la declaración. De Paul hoy milita en Inter Miami, club con el que ya conquistó la MLS, mientras que en Europa nunca logró levantar la Champions League. En ese escenario, su frase suena más a una defensa del entorno actual que a un análisis objetivo del fútbol global.
Porque más allá de las interpretaciones, hay una realidad difícil de discutir: la Champions League reúne a la élite absoluta del juego. Y por mucho que se intente instalar otra narrativa, ninguna frase alcanza para poner a la MLS en ese mismo escalón.