Se acabó. Cristiano Ronaldo jugó ante España el último partido mundialista de su carrera y la despedida estuvo demasiado lejos de las luces que acompañaron su figura durante más de dos décadas. Portugal cayó por 1-0 en Dallas y el delantero de 41 años cerró su sexta Copa del Mundo con una actuación opaca, mientras Roberto Martínez defendió su permanencia en cancha por la amenaza que todavía representa cerca del arco.
Los números de su última función son lapidarios. Cristiano apenas tuvo 19 toques de balón, no completó ningún regate, perdió tres veces la posesión y recorrió solamente 31,5 metros con la pelota. Su progresión total incluso fue negativa: -5,7 metros. En materia de pases terminó con 10 aciertos en 12 intentos, pero su participación fue prácticamente testimonial en la construcción del juego portugués. Salvo un remate detenido por Unai Simón el Comandante no pudo ser factor.
La imagen es todavía más fuerte cuando se mira su influencia ofensiva. El capitán completó solo seis carreras, estuvo una vez en fuera de juego y recibió dos faltas. No fue el futbolista que rompía partidos desde una banda, tampoco el atacante capaz de fabricarse una ocasión por sí mismo. Portugal necesitaba un golpe ante España y su principal estrella pasó demasiados minutos desconectada de un equipo que terminó resistiendo gracias a Diogo Costa antes del gol de Mikel Merino en el minuto 91.
Es cierto que hablar de Cristiano Ronaldo obliga a dimensionar una carrera histórica. Disputó seis Mundiales, jugó 27 partidos y marcó 11 goles, convirtiéndose además en el primer futbolista masculino capaz de anotar en seis ediciones distintas. Pero su hoja de vida en la Copa del Mundo también tiene una grieta evidente: nunca consiguió dominar el torneo como sí lo hizo durante años en la Champions League o con la camiseta de Portugal en otras competiciones. Su legado mundialista estuvo construido mucho más sobre la longevidad, los récords y momentos puntuales que sobre una influencia sostenida en las fases decisivas.
La comparación histórica tampoco ayuda. Lionel Messi, Miroslav Klose, Ronaldo Nazário, Pelé y Kylian Mbappé presentan una producción goleadora mundialista más contundente en relación con la cantidad de partidos disputados. Cristiano necesitó hasta este 2026 para marcar su primer gol en una fase de eliminación directa de una Copa del Mundo, mediante un penal ante Croacia. Antes de eso, había atravesado todos los cruces desde Alemania 2006 hasta Qatar 2022 sin convertir.
Su gran obra seguirá siendo Rusia 2018. Aquella noche frente a España, con un triplete y un tiro libre inolvidable para el 3-3, Cristiano pareció dispuesto a conquistar definitivamente el Mundial. Sin embargo, Portugal cayó inmediatamente en octavos ante Uruguay. En 2022 terminó como suplente y salió llorando tras la eliminación contra Marruecos. Y ahora, ocho años después de su exhibición ante la Roja, el mismo rival apareció para cerrar definitivamente su historia en la competición.
Cristiano había avisado antes del partido que este sería su último Mundial y, consumada la eliminación, confirmó que no volverá a disputar el torneo. Se marcha como el único hombre que marcó en seis Copas del Mundo y defendiendo que termina esta etapa con la “conciencia tranquila”. Su continuidad general con Portugal, eso sí, quedó pendiente de una reflexión posterior.
Cristiano Ronaldo fue una estrella gigantesca del fútbol mundial, pero nunca consiguió ser el dueño de un Mundial. Su última noche, con 19 toques, cero regates y una progresión negativa con el balón, terminó siendo un resumen cruel de esa contradicción: una leyenda eterna que, en la Copa que más persiguió, demasiadas veces estuvo lejos de las luces.