Alguna vez Nicolás Córdova deberá explicar su definición del amistoso contra Portugal como un "tesoro". Visto lo ocurrido en la cancha, quedó muy poco para rescatar salvo la constatación, una vez más, que los once mejores jugadores chilenos están cada vez más lejos de los once mejores de cualquier selección Top Ten del ránking FIFA.
Mientras el partido tuvo seriedad, el primer tiempo, el cuadro lusitano dominó de forma integral al chileno. La posesión fue de 80-20, los remates al arco de 9-0, el dominio territorial absoluto y en lo único que las camisetas rojas tenían saldo favorable fue en las faltas. No es una estadística irrelevante que Maxi Gutiérrez haya ganado uno de siete mano a mano que tuvo.
Lo desolador no es que Portugal sea infinitamente superior a Chile y que las cosas se atenuaron luego de que el técnico Roberto Martínez hiciera seis cambios en el entretiempo. Eso se daba por hecho antes de empezar a jugar. El problema es que el entrenador defienda su trabajo analizando justamente la parte del juego cuando ya no era serio, cuando Portugal estaba a media máquina, en modo entrenamiento, haciendo cambios a lo loco, cuidando las piernas.
No se puede engañar a la gente todo el tiempo. No se puede justificar un "proceso" nacido de forma ilegítima, el coyuntural despido de Gareca, agarrando dos o tres datos aislados y exhibirlos como "progreso". Chile en ningún momento fue rival y eso lo sabe Nicolás Córdova. Y también sabe que, en comparación con la selección que quedó última en la eliminatoria, el equipo no ha levantado nada. Iván Román sigue descontrolado, Arce peor que en la U, Osorio otra vez fantasma, Faúndez superado, Loyola en baja, Suazo lo mismo, Gutiérrez nivel Conmebol... ¿Dónde está el progreso? Si este era un examen para el trabajo del técnico, la nota es un uno.
La conclusión, como se dijo en el párrafo anterior, es que esta selección es la misma que quedó décima. Y que si vuelve a jugar la eliminatoria queda novena o décima de nuevo (digamos que a Bolivia le gana en el Nacional esta vez). Una cosa es que el recambio no aparezca y que los que asomaban retrocedan o se estanquen, otra muy distinta es que se nos quiera imponer un supuesto optimismo desafiando la lógica más elemental. El agravante que Pablo Milad respalda la impostura porque Córdova le sale barato. Desde esa base no hay salida posible.