No vamos a decir que fue la mejor final del mundo, pero las condiciones tampoco ayudaron mucho. La extraña lluvia de enero fue protagonista en la definición del primer título del año en el fútbol chileno. El Estadio Sausalito albergó la final de la Supercopa 2026 que a través de unos dramáticos lanzamientos penales coronó a Coquimbo Unido por primera vez en su historia.
Señal clara fue que en los accidentados primeros diez minutos se deben haber jugado cerca de tres, entre las iterrupciones por supuestas lesiones y uno que otro infortunio en acciones de juego. Pero en lo poco que se vio de fútbol Coquimbo siempre pareció tener más claras sus ideas. Guido Vadalá fue enlace de un armado que favorece a la perfección la velocidad de Muncaca y Chandía.
Aunque en los primeros 45 minutos el Barbón careció de algo que tanto tuvo durante 2025: contundencia. Johansen, Vadalá y compañía se nublaron cada vez que tuvieron la opción de definir una jugada. Cuando lograron encontrar el arco se encontraron con un Vicente Bernedo que cada día bajo los tres palos muestra una mayor solidez.
En los cruzados el partido nunca terminó de favorecerles. Matías Palavecino nunca entró en juego y con eso los armados ofensivos se reducían a corridas de Clemente Montes o alguno que otro balón largo intentando conectar a Fernando Zampedri. De toques, triangulaciones y dinámica de pases, ni hablar. Pero esto era una final y, como tal, lo futbolístico pasa a un segundo plano. Ganas no faltaron, pierna fuerte tampoco con un Cristián Garay que manejó bien los tiempos desde el silbato en un choque caliente.
A los 85' Benjamin Chandía tuvo la más clara del segundo tiempo tras una corrida de 30 metros que finalizó con un remate que Bernedo contuvo de manera contundente. Un partido tan igulado, disputado y mal jugado como este sólo se podía definir desde los 12 pasos.
Y en la lotería de los penales apareció el de siempre: Diego Sánchez se sacó los guantes, hizo show para la tribuna e incluso se dio el gusto de patear. Pero, más importante aún contuvo dos penales. Dejó dos veces arriba a su equipo, por desgracía para él, Luis Riveros y Francisco Salinas desecharon la ventaja.
Un penal a las nubes de Branco Ampuero dejó otra vez match point a los nortinos. Alejandro Camargo y una frialdad absoluta le dieron la corona a Coquimbo.
Un año de gloria en 2025 que parece tener una segunda patita en 2026. La pelea tras la coronación fue la demostración de la frustración cruzada de cinco años sin títulos. Escaramuzas que en el puerto no importan. Son los supercampeones en una final que pasará a la historia no por el juego, pero sí por una dramática definición.