La despedida de Lionel Messi de la selección argentina debía ser una celebración inolvidable. Más de 85 mil personas llegaron al estadio Monumental para presenciar el último partido del capitán albiceleste, quien cerró su trayectoria internacional con un gol y dos asistencias en la victoria por 3-0 ante Benín. Sin embargo, lo ocurrido después del encuentro terminó empañando una jornada que prometía quedar en la historia por motivos muy distintos.
El homenaje organizado por la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) estuvo marcado por problemas de sonido, la ausencia de pantallas gigantes, interrupciones en los espectáculos musicales y una polémica intervención publicitaria durante el show de drones. Una sucesión de inconvenientes que desató cuestionamientos contra la conducción de Claudio «Chiqui» Tapia y terminó abriendo un nuevo frente de conflicto con River Plate.
Uno de los episodios más criticados ocurrió cuando los drones desplegados sobre el Monumental exhibieron el logotipo de Sancor Seguros en medio del homenaje. La aparición de la marca, cuando los espectadores esperaban imágenes dedicadas a Messi, generó una fuerte reacción negativa. La aseguradora debió pronunciarse posteriormente y reconocer, mediante un mensaje público, que el protagonista de aquella noche tenía que haber sido exclusivamente el futbolista.
Pero los problemas organizativos no fueron el único golpe para Tapia. Incluso antes de que comenzara el partido, una parte importante del Monumental se unió en cánticos contra el presidente de la AFA. El grito de «Chiqui Tapia botón» comenzó en una de las tribunas y se extendió hacia otros sectores del estadio, dejando una imagen particularmente incómoda para un dirigente que durante años había estado asociado a los éxitos de la selección argentina.
La reprobación tuvo consecuencias en el propio homenaje. Tapia, que debía participar en los reconocimientos institucionales al capitán, terminó entregándole sus obsequios en un gimnasio del estadio, alejado de los miles de espectadores que permanecían en las tribunas. También estuvo presente Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol. La escena contrastó con las multitudinarias celebraciones de los títulos obtenidos por Argentina durante los últimos años.
La situación adquirió una dimensión política todavía mayor cuando Marketing Sports, la productora contratada para organizar el espectáculo, difundió un comunicado responsabilizando a River Plate por parte de los inconvenientes. La empresa cuestionó las condiciones técnicas del Monumental, la ausencia de su pantalla gigante, las restricciones para instalar estructuras sobre el campo de juego y un corte eléctrico que afectó las actuaciones musicales.
Sin embargo, desde River rechazaron las acusaciones y cuestionaron especialmente la cronología presentada por la productora. Marketing Sports sostuvo que la pantalla había sido desmontada después de anunciarse el partido, pero el club había informado sobre su retiro el 8 de julio, más de dos meses antes de que la AFA confirmara oficialmente el encuentro frente a Benín, el 15 de septiembre.
De hecho, River había disputado siete partidos oficiales sin aquella pantalla antes de recibir a la selección argentina. La contradicción dejó bajo cuestionamiento uno de los principales argumentos utilizados para explicar las deficiencias del espectáculo y provocó una dura respuesta desde la dirigencia del club.
El enfrentamiento tampoco surgió de la nada. Las relaciones entre River y la conducción de Tapia ya estaban tensionadas por diferencias sobre la organización del fútbol argentino, el formato de sus competencias y el funcionamiento institucional de la AFA. La fallida despedida de Messi terminó trasladando esas discrepancias al escenario más visible posible: el último partido del futbolista más importante de la historia de la selección.
Así, una discusión que inicialmente parecía limitada a responsabilidades técnicas y problemas de producción terminó convertida en otro capítulo de la disputa de poder dentro del fútbol trasandino. La productora apuntó contra River, desde Núñez respondieron con dureza y Tapia quedó expuesto a cuestionamientos que trascendieron ampliamente lo sucedido durante el espectáculo.
El episodio también deja una interrogante sobre el futuro político del presidente de la AFA. Desde la conquista de la Copa América de 2021 y, especialmente, del Mundial de Qatar 2022, los éxitos deportivos de la selección habían fortalecido su posición pública, incluso en medio de las críticas al funcionamiento de los campeonatos nacionales.
La despedida de Messi mostró un escenario diferente. Por primera vez, miles de hinchas que acudieron a celebrar a la selección dirigieron abiertamente su descontento contra el máximo dirigente del fútbol argentino. Un contraste difícil de ignorar en una noche que debía representar la culminación de una época dorada.
Messi se marchó de la selección entre aplausos, emoción y reconocimiento. Tapia, en cambio, terminó enfrentando insultos, cuestionamientos organizativos y una nueva confrontación institucional con uno de los clubes más importantes del país.
La gran incógnita ahora es si el dirigente podrá conservar el respaldo político que construyó durante los años de gloria de la Albiceleste. Porque mientras Messi cerró su ciclo como el gran protagonista del fútbol argentino, Chiqui Tapia comenzó a experimentar lo que significa quedar expuesto sin el éxito deportivo de su máxima estrella como escudo protector.