Colombia volvió a quedarse mirando la fiesta desde afuera. La derrota por penales ante Suiza en los octavos de final del Mundial 2026 terminó con otra campaña cargada de expectativas y reabrió una pregunta que desde hace años persigue al fútbol cafetero: ¿por qué una selección con tanto talento se cae tantas veces cuando llega el momento decisivo?
El equipo de Néstor Lorenzo tenía argumentos para pensar en grande. Había sobrevivido a la primera fase, eliminado a Ghana y llegaba a Vancouver con una oportunidad enorme de disputar apenas los segundos cuartos de final mundialistas de su historia. Suiza, además, enfrentaba el partido sin Johan Manzambi, una de sus grandes figuras del torneo, pero Colombia fue incapaz de marcar durante 120 minutos y terminó entregando su destino a los penales.
Davinson Sánchez estrelló su lanzamiento en el travesaño y Gregor Kobel detuvo el remate de Cucho Hernández. Suiza ganó 4-3 la definición y avanzó a cuartos de final, mientras los colombianos volvieron a caminar hacia el vestuario intentando explicar otra eliminación en un partido extremadamente cerrado. No hubo goleada, tampoco una superioridad aplastante del rival. Colombia simplemente volvió a perder cuando el margen de error desapareció.
El problema es que la escena comienza a resultar demasiado conocida. Cuando se revisa la historia reciente de la selección cafetera aparece una sucesión de grandes campañas que terminan exactamente antes de convertirse en algo verdaderamente histórico. Colombia compite, ilusiona y muchas veces juega bien, pero el último paso se transforma constantemente en una barrera imposible de superar.
El primer gran trauma moderno ocurrió en Estados Unidos 1994. Colombia llegó al Mundial convertida en una de las sensaciones del planeta después del inolvidable 5-0 sobre Argentina en Buenos Aires y con una generación que había despertado elogios en todo el mundo. Incluso Pelé la mencionó entre las selecciones capaces de luchar por el título, elevando todavía más las expectativas sobre un equipo que parecía preparado para cambiar la historia.
El resultado fue una catástrofe deportiva. Colombia perdió 3-1 ante Rumania y después cayó 2-1 frente al anfitrión Estados Unidos, quedando prácticamente eliminada antes de disputar su último encuentro. La victoria sobre Suiza fue insuficiente y el equipo que había maravillado a Sudamérica regresó a casa después de apenas tres partidos. Probablemente ningún otro Mundial explique mejor el peso que pueden adquirir las expectativas sobre la selección cafetera.
Veinte años más tarde apareció Brasil 2014 y, posiblemente, la mejor Colombia que se haya visto en una Copa del Mundo. James Rodríguez fue la figura del torneo, terminó como goleador con seis tantos y el equipo dirigido por José Néstor Pékerman ganó sus primeros cuatro partidos. Por primera vez en su historia, Colombia alcanzaba los cuartos de final y parecía tener fútbol suficiente para desafiar al anfitrión.
Pero Brasil golpeó cuando el partido recién comenzaba. Thiago Silva marcó a los siete minutos y David Luiz aumentó la diferencia en el segundo tiempo. James descontó de penal y Colombia terminó empujando sobre el final, pero la reacción llegó demasiado tarde. El 2-1 significó la eliminación en la mejor participación mundialista de su historia y dejó instalada una sensación que volvería a aparecer durante los años siguientes: Colombia había estado cerca, pero nuevamente no había podido atravesar la puerta.
Rusia 2018 entregó otra escena dolorosamente familiar. Colombia enfrentó a Inglaterra en los octavos de final y estuvo eliminada hasta el minuto 93, cuando Yerry Mina apareció con un cabezazo agónico para enviar el encuentro al alargue. Después de sobrevivir durante 120 minutos, los cafeteros llegaron a una definición por penales que incluso comenzaron ganando.
Colombia estaba 3-2 arriba en la tanda y tenía la presión completamente sobre Inglaterra. Entonces Mateus Uribe estrelló su lanzamiento en el travesaño y Carlos Bacca falló el siguiente. Los ingleses convirtieron sus dos últimos penales y ganaron 4-3, terminando además con su histórica maldición en las definiciones mundialistas. Mientras Inglaterra rompía uno de sus grandes traumas, Colombia comenzaba a construir el suyo.
La Copa América tampoco ofrece demasiados argumentos para escapar del debate. En Chile 2015, Colombia enfrentó a Argentina en los cuartos de final y resistió un empate sin goles antes de llegar nuevamente a los penales. La tanda se extendió hasta los lanzamientos alternados y los cafeteros tuvieron oportunidades para mantenerse con vida, pero terminaron perdiendo 5-4 y regresando a casa después de un torneo donde apenas habían marcado un gol.
Un año después, en la Copa América Centenario, Colombia alcanzó las semifinales y se encontró con Chile. El partido prácticamente terminó antes de comenzar: Charles Aránguiz marcó a los siete minutos y José Pedro Fuenzalida aumentó a los once. Una tormenta eléctrica obligó a suspender temporalmente el encuentro en Chicago, pero ni siquiera la extensa interrupción permitió cambiar el escenario. Colombia regresó a la cancha, buscó reaccionar y terminó eliminada por 2-0.
En 2021, otra vez Argentina y nuevamente los penales. Colombia empató 1-1 en las semifinales de la Copa América y llevó el encuentro hasta una definición que terminó transformándose en el nacimiento del personaje más provocador de Emiliano Martínez. El arquero argentino atajó tres lanzamientos, eliminó a los cafeteros y dejó una de las imágenes más recordadas del torneo.
Sin embargo, probablemente ninguna derrota reciente explique mejor el debate actual que la final de la Copa América 2024. La Colombia de Lorenzo llegó a Miami después de 28 partidos invicta, con James Rodríguez recuperando su mejor versión y un equipo que había goleado 5-0 a Panamá antes de eliminar a Uruguay jugando prácticamente todo el segundo tiempo con diez futbolistas.
Era una oportunidad difícil de repetir. Argentina perdió a Lionel Messi por lesión durante la segunda parte y el partido llegó empatado hasta el minuto 112 del alargue. Colombia había competido de igual a igual, estaba a pocos minutos de los penales y tenía enfrente a un rival físicamente desgastado. Entonces Leandro Paredes recuperó una pelota, Giovani Lo Celso encontró el espacio y Lautaro Martínez definió ante Camilo Vargas.
Argentina fue campeón y Colombia volvió a quedarse con la sensación de haber estado a centímetros de tocar la gloria. La derrota terminó con 28 partidos de invicto y dejó escapar la posibilidad de conquistar la segunda Copa América de su historia, más de dos décadas después del único título continental conseguido como local en 2001.
Por eso reducir todo a mala suerte comienza a ser demasiado cómodo. Colombia no es una selección pequeña ni un equipo que habitualmente sea aplastado cuando enfrenta a las grandes potencias. El problema es precisamente el contrario: compite, lleva los partidos al límite, encuentra momentos donde parece tener la clasificación en sus manos y, demasiadas veces, termina viendo cómo celebra el rival.
Brasil en 2014, Inglaterra en 2018, Argentina en 2021 y 2024, y ahora Suiza en 2026. Contextos completamente diferentes, generaciones distintas y entrenadores que poco tienen que ver entre sí, pero una sensación que se repite con demasiada frecuencia. Cuando el partido entra en ese terreno donde una jugada, un penal o una decisión separa una buena campaña de una actuación histórica, Colombia suele quedar del lado equivocado.
¿Significa eso que Colombia “arruga”? Probablemente sea una palabra demasiado simple para explicar un fenómeno mucho más complejo. No existe un único grupo de jugadores cargando todas estas derrotas y tampoco se puede hablar de una incapacidad futbolística, porque precisamente la selección cafetera ha demostrado durante décadas que posee talento suficiente para competir contra cualquiera.
Pero los grandes equipos también construyen una cultura alrededor de los momentos decisivos. Argentina perdió finales durante años hasta aprender a ganar los partidos que antes se le escapaban. España cargó durante décadas con la etiqueta de eterna promesa antes de conquistar Europa y el mundo. Inglaterra convirtió las tandas de penales en un trauma nacional y terminó modificando incluso su preparación psicológica y metodológica para enfrentarlas.
Colombia todavía parece atrapada en el paso anterior. Tiene talento para llegar, fútbol para competir y jugadores repartidos por las principales ligas del mundo. Ha tenido generaciones capaces de mirar de frente a Brasil y Argentina, pero todavía no desarrolla esa costumbre de ganar cuando una victoria puede modificar para siempre el lugar de una selección en la historia.
Ante Suiza volvió a ocurrir. Colombia no fue superada, no fue humillada y ni siquiera perdió durante los 120 minutos. Tuvo el partido frente a sus ojos, sobrevivió hasta la última instancia y llegó nuevamente al punto donde ya no existe espacio para esconderse. Y cuando llegó el momento decisivo, Colombia volvió a caer.