En un mal partido, Chile ganó agónicamente ante una débil selección de Nueva Zelanda. El técnico sorprendió con varios jugadoras en puestos no habituales.

Habían varias dudas sobre el rendimiento de este equipo que hizo gran parte de su preparación a puertas cerradas. Así se elucubraron varias opciones de formaciones titulares, aunque ninguna como la que paró Nicolás Córdova y que le valió una victoria sufridísima ante Nueva Zelanda.
El primer tiempo fue bajísimo. Sin claridad en la mitad de la cancha y nula generación futbolística hicieron que los oceánicos tuvieran las chances más claras del partido. Salvo un par de remates alejados de Arce y un tiro bloqueado de Emiliano Ramos, Chile no tuvo nada en materia ofensiva. Lo más llamativo, jugadores fuera de posición: Ian Garguez improvisado como central y Nicolás Suárez de lateral izquierdo. Todo muy raro.
El segundo tiempo arrancó con la advertencia: un cabezazo en el palo del meta chileno era la demostración de que la noche venía torcida. Pero apareció una luz tras un error claro en la salida de Nueva Zelanda, Agustín Arce encontró a Lautaro Millán para anotar la apertura.
Aparecieron otra vez las dudas de Córdova con movidas llamativas. La salida de Lautaro Millán le quitó toda sorpresa a su ataque y los ingresos de Godoy y Marchant no fueron el refresco esperado. La fatalidad llegó a los 84 con una clara infracción en la que Matías Pérez engancha a Nathan Walker. A cinco minutos del final Walker anotó el empate.
Cuando la pesadilla asomaba en el Nacional, otro accidente le dio a Chile la ventaja con el gol de Ian Garguez a los 90+6. Pero la preocupación está ahí, más que por el resultado por el rendimiento. Ahora viene Japón y Egipto dos equipos que son ampliamente superiores a Nueva Zelanda: veremos si la lucidez aparece en Nicolás Córdova.