Que la semifinal del Mundial Sub 20 sea entre dos equipos de la Conmebol desnudó una triste realidad: La Roja está a años luz de sus rivales del vecindario. Obviamente, desde el juego lo que mostró el equipo de Nicolás Córdova en comparación con Argentina, Colombia, Paraguay y Brasil fue lo más bajo de un sudamericano en la Copa. Sin la creatividad y talento nato de los argentinos, ni mucho menos la potencia física de los colombianos que asusta, pero peor aún: sin identidad.
Porque es muy probable que sea difícil de equiparar las realidades de la selección nacional con los trasandinos, por un tema de historia, recursos y materia prima en la que siempre hubo una brecha gigante. Pero, por ejemplo, Colombia logró nivelarse encontrando un biotipo de jugador que hoy prolifera en su balompié, encontrando nombres como Jefferson Lerma, Daniel Muñoz, Kevin Serna, Jhon Lucumí y un sinfín de superdotados en la formación física. Ayer, antes de la lesión de Joel Canchimbo el partido era otro con su velocidad siendo altamente peligrosa para los argentinos.
Aunque no todo es el entrenador, por más que casi toda la responsabilidad recaiga en que en cuatro partidos no fue capaz de mostrar una mejora. La falta de jugadores desequilibrantes es una constante en esta sub 20. No tenemos individualidades que sean capaces de tomar la pelota, encarar hacia delante y poner en situación de gol a un compañero. Claro, como lo hizo Gianluca Prestianni en la semifinal para habilitar de manera notable a Mateo Silvetti para romper el marcador. Por eso es que el ex Vélez hoy está tasado en 8 millones de euros por el Benfica.
La triste realidad del fútbol chileno hoy nos hace reflexionar en que el pozo en el que estamos hundidos es más profundo de lo estimado. Con las manos vacías en la absoluta, la categoría sub 20 nos dio otra cachetada con la pregunta sin respuesta: ¿Cuál es el proyecto para sacar adelante esta situación?